En la homilía de la Beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri, primer laico del Opus Dei en ser llevado a los altares, el Prelado del Opus Dei, Don Fernando Ocáriz, se preguntaba si Dios ya no hacía milagros en este siglo XXI, si su mano se había acortado. Y, recordando la vida de la santa, respondió: “No, Dios hace milagros a través de sus santos”.

De regreso me encontré con una señora en el metro de Madrid, de unos 70 años. Contaba que había conocido a Guadalupe y que nunca olvidaría su sonrisa y las cosas que le dijo. Fue allí cuando entendí las palabras de Don Fernando: los santos parecen tener una gracia especial para hacer eterno el presente.

El presente, ese ¡hoy, ahora!, que tanto le gustaba decir a San Josemaría Escrivá de Balaguer, es el momento en que los cristianos luchan por meter a Dios en lo que hacen, en renovar las cosas terrenas. Y por eso el diablo odia tanto a los santos: porque son aquellos que saben vivir el presente. Cada instante orientado a Dios: ayudar al otro, sonreír en momentos difíciles, hacer lo que toca, hacer bien el trabajo de cada día, es darle una buena cachetada al padre de la mentira.

C.S. Lewis lo plasma muy bien en el libro “Las Cartas del Diablo a su sobrino”. El diablo viejo le recomienda a su sobrino: “haz que tu paciente piense en el pasado o en el futuro, distráelo del presente”. Si piensa en el futuro estará preocupado por todo lo que debería hacer. Si piensa en el pasado andará triste por lo que dejó de hacer. El presente, en cambio, es el tiempo del enemigo –de Dios-, pues es el único que se relaciona con la eternidad, es cuando el hombre efectivamente puede construir la mejor versión de sí mismo.

En la vida de Guadalupe Ortiz de Landázuri, como podemos ver en las cartas que le escribe a San Josemaría, hay un insistente vivir el presente, con profesionalidad, con ganas de aprender y mejorar. Pero dentro de aquello vemos más: una gran alegría, contagiosa, fruto de su empeño por enamorarse de Dios. Vemos a una mujer enamorada, no paranoica por ser perfecta. En una de sus cartas dirigidas a San Josemaría escribe:

“Y todo esto, conociéndome a mí como me conoce, ¿verdad que me viene grandísimo? Pero no me desanimo ni me asusto, sólo le pido una oración para que nunca, en nada, por pequeño o grande que sea, deje de hacer lo que Dios quiere”. (Letras a un santo, Guadalupe Ortiz de Landázuri).

Guadalupe hacía las cosas por amor, porque conoció a una persona (Cristo), se enamoró, y quiso enamorarse cada día un poco más. Este pequeño detalle pareció sacar lo mejor de sí misma y vivir una vida plenamente original.  “Ama y haz lo que quieras” (San Agustín). Hacer las cosas por amor a Dios, bien, ahora: ¿es esta la clave de la santidad?

Gabriel Capriles

Instagram: @gabcapriles

Correo: gabrielcapriles2012@gmail.com

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