Estimado Sr. Confinado:

En estos tiempos tu pregunta es si puedes ser feliz encerrado en cuatro paredes. Muchas veces en espacios muy pequeños y mirando a la cara a la misma gente, un día tras otro, tras otro, tras otro… Te preocupa el contagio, las muertes, qué vas a comer, la política, la economía, las noticias, etc. Todo un panorama lleno de incertidumbre que te hace preguntarte: ¿puedo ser feliz con todo esto?

Hace unos meses, antes de que toda esta locura empezará, leí un libro que se llama: ¿Se puede ser feliz en Venezuela? La autora, que padece enfermedades de columna desde hace tiempo, me comentaba: “a veces la enfermedad -algo difícil- hace que tu vida se detenga, mientras todos a tu alrededor van de prisa”.

No sé si te ha pasado, pero cuando vamos rápido a nuestros planes personales muchas veces descuidamos lo importante. Hoy vivimos en un momento donde todo a nuestro alrededor se detiene, pero nosotros podemos seguir yendo de prisa: amargados en la casa, pensando en qué pasaría si no estuviera aquí encerrado, preocupados hasta el extremo por lo que va a suceder, viviendo el pasado o un futuro ideal, que no existe.

“Vive el presente” es un consejo mentalmente saludable. Sin embargo, te diría que tengas cuidado con ese estilo engañoso del Carpe Diem: “aprovecha todo lo que puedas, como si fueras a morir mañana”. Es mejor vivir el presente con visión de futuro, en función de lo que deseas hacer de ti. Replantea tus planes. Proponte crecer para adentro.

Me causa mucha pena –quizás porque también he pasado por ello- ver a tantos jóvenes que no son capaces de proyectarse, de crearse un ideal de lo que quieren y pueden llegar a ser, y ver cómo pasan jornadas maratonianas pegados al Netflix, al play o a su celular. Pensarás que viven el hoy, que disfrutan al máximo; pero no le hemos enseñado la diferencia entre divertirse y disfrutar. Entre hacer que tu vida sea tiempo perdido y hacer que tu vida adquiera fuerza, valor, proyección, futuro, hay una distancia considerable.

Pero estas dos palabras no se oponen. Disfrutar la vida le da un sentido más pleno a los momentos de diversión. Descansar, si es que podemos llamar a estos tiempos de encierro “descanso”, no es hacer nada, es invertir tu tiempo en algo que cuesta menos esfuerzo, que te ilusiona, que te hace más capaz.

Creo que sí puedes ser feliz en tiempos de Coronavirus, así como la autora afirma que se puede ser feliz en Venezuela (dos locuras a las que esperemos que pronto le encontremos la cura). Y esto lo alcanzas si vives el presente construyendo tu futuro: si como padre haces un esfuerzo para que tus hijos –y tú mismo- adquieran buenos hábitos, si como hijo te trazas un plan para aprovechar el tiempo, si te pones metas altas que alcanzar (leer un libro, aprender un idioma), si luchas por hacerle agradable la vida a los demás…

La felicidad, al final, es cuestión de armonía, de vivir tranquilo, de estar contento contigo mismo, con las personas a tu alrededor y con Dios, pero para conseguirla hace falta esfuerzo, tensión. Una vez un profesor me dijo: “no puedes esperar conquistar un castillo (la felicidad) si vas a la batalla a sentarte y verla a lo lejos”. Y nosotros, los jóvenes –aquellas personas con entusiasmo y esperanza-, no queremos balconear la vida. Queremos ser felices, dar la cara, ser protagonistas de nuestra propia vida.

Gabriel Capriles Fanianos

@gabcapriles

repensarelmundodehoy.wordpress.com

¿Ya conoces nuestra sección de Ask? Si tienes dudas sobre la fe, envíanos tu pregunta a través de este botón.

Survey


¿Qué tan seguido rezas el Rosario?

Francisco Says

¿El Papa de las redes?

¿Quieres estar al día con todo lo que el Papa Francisco dice y publica a través de sus redes? ¡Síguelo […]

Privacy Preference Center