Pasas toda tu vida soñando con la boda ideal y por fin tu novio se pone de rodillas y te pide que sean esposos por el resto de sus vidas. La realidad es que a partir de ese día tu cabeza empieza a maquinar como a mil por hora en todo lo que se necesita para hacer de tu boda un recuerdo inolvidable.

Aunque seas de lo más relajada se te acaba el estómago 3 meses antes del gran día por el nervio y el estrés de que todo salga bonito y no falta que tus amigas te hagan la típica despedida de soltera más linda que puedas imaginar con juegos, postres, regalitos y cartas llenas de buenos deseos. Todas lloran, se toman fotos, te disfrazan de novia y la pasan increíble… pero ¿y los consejos?

El mejor consejo que me dieron a mí es que lo importante no es la fiesta ni el vestido, sino la celebración del matrimonio como tal. Para que tú y tu novio estén bien preparados para ese momento, se supone que en tu iglesia te dieron una que otra plática pre-matrimonial y el sacerdote los entrevistó para asegurarse de que no había impedimentos que detuvieran su deseo de casarse. Y aunque eso parece suficiente para muchos, vale la pena dedicarle unas cuantas horas más a leer sobre la promesa que están a punto de hacer.

Y sin más preámbulos aquí mi lista de secretos que toda mujer debería recibir el día de su despedida de soltera:

1. Hay que saber perdonar

Sé que suena fuerte, ¡pero es verdad! Palabras como “lo siento”, “discúlpame”, “lamento haber…” deben estar presentes en tu vocabulario si es que estás pensando en casarte. Tu mamá, tus abuelitas y demás amigas casadas que tengan un matrimonio sólido te podrán decir que es vital aprender a perdonar y pedir perdón cuando decides pasar el resto de tu vida con una persona. Porque lamento romper el cuento de hadas, pero tu novio o novia,  NO SON PERFECTOS y se equivocará mil y un veces. Habrá muchos momentos en que sentirás herido(a) y tocará perdonar para poder darle vuelta a la página.

2. La lucha nunca se acaba

El “y fueron felices para siempre” es solo un dicho. Entrar al matrimonio implica saber que habrá que tomar a los problemas “por los cuernos” y enfrentar lo que venga juntos. Yo apenas tengo un año de casada y créeme cuando digo que siempre puede haber algo que nos preocupa, que nos quita el sueño o que puede estar amenazando nuestra paz interior. Y aunque no todas las batallas se ganan, hay que tener la seguridad de que, aún cuando caigamos, estamos al lado de la persona correcta que siempre está dispuesta a levantarnos y que nos sacudirá el polvo para seguir caminando de la mano.  

3. Si necesitas algo, pídelo  

Las películas y series de televisión nos enseñan que hay amores maravillosos que hacen cosas impresionantes el uno por el otro sin necesidad de pedirlo. Pero la realidad es que cuando tú y tu esposo tienen una rutina de todos los días, muchas veces es NE-CE-SA-RIO expresar lo que traemos en la mente o en el corazón. Ya sea que sientas que requieres de un tiempo a solas, de una noche para salir en una cita romántica como de novios, que quieres que se considere alguna compra en el presupuesto, que piensas que algo debe cambiar en la dinámica de comunicación… lo que sea, siempre y cuando no dañe o denigre al otro, se vale pedirlo.  

4. Las decisiones se toman en pareja

Recuerden que los esposos están llamados a “ser una sola carne” (Gen 2, 24) así que de ahora en adelante nada de es mi vida y yo hago lo que se me antoja. De preferencia para tener un matrimonio sólido, es mejor tomar las decisiones en conjunto. Después de que se hable de las consecuencias, de las preocupaciones o inquietudes que cada uno tiene, se puede llegar a un acuerdo que a ambos les parezca bueno o saludable. Así sea dónde comprar un nuevo colchón, con quién se pasa Navidad este año o cómo nombrar al bebé que viene en cambio… cada decisión ahora afecta la vida de ambos y los dos deberían involucrarse en el proceso que lleva deliberar.   

5. Lo mío es tuyo y lo tuyo es mío

El dinero siempre puede ser un tema delicado. Cuando uno se casa civilmente hay que definir si lo hacen “compartiendo bienes” o “separando sus bienes”. La realidad es que hay muchas razones por las que una pareja puede decidir separar las riquezas que les pertenecen, pero desde mi experiencia el incluir expresiones como “es mi dinero” o “tú paga la cena”, implica que realmente no queremos compartir todo lo que somos y tenemos. Como dije, hay miles de razones por las que pueden optar por la vía de separarlos bienes materiales, pero pienso que si ya comparten una vida, es importante saber que la administración de lo que se gana y se gasta depende de ambos y al combinar cuentas, también se comparte esa responsabilidad. Otra ventaja de fusionar las ganancias es que se promueve la comunicación y la toma de decisiones en pareja. Y finalmente, bajo la perspectiva cristiana, también los esposos ahora se abren a la posibilidad de utilizar sus recursos para ayudar y servir a los demás miembros de su comunidad.

6. Sí podemos cambiar

Esto no significa que ahora vas a echar en cara todas las cosas que te enfadan de tu esposo(a) para obligarlo a que cambie, sino más bien quiero decir que el tiempo y las cosas que experimentamos nos llevan a tener una perspectiva diferente. El ideal sería que al casarnos ambos nos convirtamos poco a poco en la mejor versión de nosotros mismos. Que con el paso de los años el estar al lado del amor de mi vida, me lleve a querer vivir siendo más libre de mis apegos materiales, más paciente con los demás, más hábil para escuchar y consolar, más capaz de acoger a los otros cuando hay dolor alrededor y sobretodo, a ser más sincero con uno mismo para constantemente ir en búsqueda de la verdad.

Espero que estas ideas te sean de mucha ayuda. Ojalá puedas empezar a ejercitar una o dos en casa. Si te sentiste identificado(a) con alguna de ellas escríbenos un comentario compartiendo cómo te enteraste que esto pasaba en la vida de casados y si es que alguien ya te había contado del tema.

Te dejo también algunas recomendaciones que puedes encontrar en línea para informarte un poco más:

Recuerda que no son los pleitos por la pasta de dientes mal apretada o la toalla en el suelo lo que desbarata un matrimonio, es más bien el hecho de que no existan cimientos sólidos sobre los cuales construir la relación y si tú has escogido a Dios como el arquitecto de la tuya, créeme que no tienes de qué preocuparte.

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