Realmente ¿qué es la santidad? Esta es una pregunta que tal vez alguno de nosotros nos hemos hecho. ¿Por qué?  Porque cuando pensamos en la santidad, de una viene a nuestra mente: San Francisco de Asís, San Josemaría, Padre Pío, etc…. Nunca pensamos que en nuestra propia ciudad, parroquia, entre nuestros amigos, podría existir un santo.

Hace muy poco una amiga me hizo un regalo, un libro. Quienes me conocen saben que es de los regalos que más me gustan. Era el libro de Chiara Corbella Petrillo, su biografía. Este regalo vino con un mensaje que decía:

“¡Hey! ¡Tengo un libro que te mueres!… es una historia hermosa de amor, fe, abandono en la providencia… es tipo el documental de la hermana Clare”

Para quienes no conocen a la hermana Clare, esta es otra que tocó mi corazón hace un tiempo y escribí un artículo al respecto, aquí se los dejo por si quieren darle una leída: ¡Dios puede cambiar vidas!

Efectivamente este libro es INCREÍBLE. Cuenta la vida de Chiara y su esposo Enrico, sus hijos, la vida, la muerte. No quiero quiere revelar mucho para que puedan disfrutarlo por ustedes mismos.

Retomando la santidad…

Podemos buscar diferentes definiciones de la “santidad” en documentos pontificios, el catecismo, libros. Sin embargo, les comparto mi definición personal: “hacer y amar lo que Dios te pide con la mayor alegría”.

Sin embargo, Chiara en el libro, “Nacemos para no morir nunca” usa una frase que me encantó: “Pequeños pasos posibles, eso es la santidad”.

Dios no nos pide ser como robots, sin error alguno y haciendo todo bien. Dios nos pide que demos los pasos que están en nuestro alcance para alcanzar la santidad.

Después de la lectura del libro de Chiara, les comparto algunos tips para alcanzar la santidad basados en su vida:

No esperes algo extraordinario

La santidad consiste en hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias. ¿Cómo se traduce esto? ¡Muy sencillo! Haz de tu día a día una fuente de santidad. ¿Cuántas veces no nos quejamos del tráfico, de los compañeros de trabajo, de los profesores? Empieza amando eso del día a día y luego Dios nos mostrará qué es lo extraordinario que necesitamos cumplir.

Rezar no es una opción

Si quieres ser santo, la oración no puede ser una opción. Debe ser un “must” en tu día a día; pero no simplemente visto como una obligación o una tarea tediosa. Sino que tenemos que ver la oración como esa búsqueda de una relación con el amado, con el amigo, con aquel que nos espera con los brazos abiertos para consolarnos, alegrarnos o simplemente escucharnos: Dios.

Descubre tu vocación

Muchas veces creemos que solo los sacerdotes, monjes, consagrados pueden llegar a ser santos y esto no es cierto. Por otro lado, también pensamos que para ellos es “más fácil” porque tienen un camino recorrido. ¡No hay camino fácil o difícil! Dios tiene pensado una vocación para cada uno de nosotros, seguirla, es buscar ser santo.

En Chiara vemos esto de manera ejemplar. Ella tenía claro que su llamado era a formar una familia y en el corto tiempo que la tuvo, buscó a como diera lugar vivir lo más cerca de Dios, dando los pequeños pasos posibles en su vida y en la de Enrico.

¡Ama!

Sí, así de sencillo… Ama y haz lo que quieras como decía San Agustín. Ama en todo lo que hagas, pienses y digas. En el mundo que vivimos hoy en día, hace falta más amor y menos egoísmo.

¿Cual es una forma concreta de amar? A través del servicio. Piensa primero en los demás por encima de ti mismo y verás cómo Dios recompensa tu generosidad.

Si quieres conocer un poco más sobre Chiara, te invito a que visites su página web

¡Cuéntame! ¿Qué otra persona o santo te ha inspirado?

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