Hace más o menos un mes que todos los días me despierto con una misión bien concreta. A veces la orden llega bien temprano, a las ocho o nueve de la mañana, otras con un poco más de letargo y con calor se presenta cerca del mediodía y, las menos, cuando la tarde ya nos va devolviendo a casa. No importa, sabemos que no es fácil acordarse siempre, pero el mensaje por whatsapp termina llegando y el grupo llamado “San José” está siempre listo para activar la oración. Somos cuatro almas insistentes, convencidas y entusiasmadas con un propósito firme detrás de una de las oraciones más antiguas que se conocen del gran santo del silencio. La única pero enorme función del grupo es mandar un emoticón de manos rezando para que el resto del team empiece su jornada invocando al padre amorosísimo de Jesús por una intención muy particular que nos une.

Sin ninguna palabra apuntaba en los textos bíblicos, San José se ganó su fama por ser extremadamente cumplidor y por interceder ante todos los que le piden con fe firme y arraigada. Acá, a casi un mes de su fiesta, queremos hacer un repaso por una de las tradiciones más antiguas de la Iglesia: contemplar durante siete domingos los dolores y gozos del santo patriarca. Veamos:

1) Primer dolor: enterarse de que María, su esposa, estaba embarazada.

José era un hombre justo y recto, pero la amargura de no entender esta situación seguramente le causó un dolor muy grande. Tenía claro que María sería incapaz de engañarlo, pero ¿cómo explicar que una criatura estaba creciendo en su vientre? Más que su reputación, seguramente le aborrecía pensar que María fuese socialmente escrachada y sufriera el hostigamiento de un pueblo que castigaba con dureza el engaño y adulterio.

2) Primer gozo: un ángel se encargó de aclarar el panorama.

Las enormes tribulaciones de José con esta noticia tan desgarradora se hicieron oír por Dios. Él también era un elegido por el Señor y ante el propósito de abandonarla en secreto para evitarle el juzgamiento de la sociedad, Dios le habló en sueños a través de un enviado. “No temas recibir a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es fruto del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”, fueron las palabras que arrojaron luz sobre la situación.

3) Segundo dolor: primera huída

Ante todo, José era un hombre de conducta ejemplar y por aquellos días el edicto del emperador César Augusto ordenaba que todas las familias fueran a empadronarse a sus ciudades de origen. Así fue que María y José partieron a lomo de burro hacia Belén, a ciento cincuenta kilómetros de Nazaret donde vivían. Un viaje nada fácil para María a punto de dar a luz. “Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada”, nos relata Lucas. ¡Cuánta impotencia le debe haber dado a José ver cómo su esposa traía al mundo a su hijo en la más absoluta pobreza!

4) Segundo gozo: nacimiento de Jesús.

La armonía del coro de los ángeles y la gloria de esa noche santa le inundaron el alma de infinita felicidad. Seguramente fue este el signo clave para confirmar que los planes de Dios están siempre un paso adelante y buscan ante todo nuestra felicidad. José empezaba a ver con claridad que Dios se había valido de él, un pobre instrumento, para introducir al salvador en medio del mundo.

5) Tercer dolor: la presentación de Jesús en el Templo.

Sin necesitarlo, los padres de Jesús quisieron que su hijo cumpliera con los preceptos de la religión y fueron a circuncidarlo. Como anticipo de lo que vendría, esa primera sangre derramada sacudió de dolor el corazón de José que tenía muy claro que el Hijo de Dios estaba muy lejos de tener que sellar un pacto con Yahvé a través de esta práctica.

6) Tercer gozo: el nombre de Jesús.

Pero Dios es fiel y cumple su palabra. A José se le vuelve a agrandar el corazón de felicidad al darse cuenta del nombre que llevaría su hijo: Jesús. Es el mismo que había pronunciado el ángel aparecido en sueños y una clara señal de que el Señor lo tenía de su mano. Como siempre, Dios se sale con la suya para dar lo mejor a sus hijos.

7) Cuarto dolor: Jesús como signo de contradicción.

Jesús se convertiría en signo de contradicción y la predicción de Simeón causa un dolor inmensurable en María y en José. Parecen no entender. ¿Un Dios hecho hombre que debería pasar por la injusticia y el abandono? La dureza de los corazones es lo que más angustia le provocará a Jesús y su padre lo intuye.

8) Cuarto gozo: Jesús, luz del mundo.

Más importante que ser signo de contradicción, Jesús se convertirá en luz del mundo y esto también le es revelado a José que se deja abrazar por este gozo que opaca el dolor anterior. Jesús será la puerta al Cielo y el alivio de los pecadores y José, con la humildad que lo caracteriza, se reconoce como el primer pecador necesitado de esta gracia.

9) Quinto dolor: huída a Egipto.

Otra vez Dios se manifiesta en sueños a José y esta vez es para anunciarle el dolor de la persecución. Herodes se entera por los Reyes Magos del nacimiento del nuevo rey y está dispuesto a matar a todos los primogénitos con tal de acabar con su rival. El ángel le advierte en sueños que debe huir con María y el Niño hacia el lejano Egipto desde Belén. Aunque no entiende, aunque le pesa que su esposa y su hijo tengan que atravesar semejante periplo, se pone a disposición y confía. José siempre confía.

10) Quinto gozo: paz a su alrededor.

La muerte de Herodes marcó el fin de su estadía en Egipto y esto alegra a José. Le alegra, sobre todo, que las sagradas escrituras se cumplieran a la perfección para poder comprobar que Dios nunca abandona cuando nos animamos a confiar. “Y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que dice el Señor por el profeta: «De Egipto llamé a mi hijo»” (Mt 2,15).

11) Sexto dolor: nueva huída de la Sagrada Familia.

Otro cambio de planes repentino invade las vidas de Jesús, José y María. Al regresar a Israel, José se entera de que Arquelao reinaba en Judea y temió por la vida de su hijo. Recomenzar, una vez más, José se repone del giro imprevisto y toma el desvío hacia Galilea para evitar esta nueva amenaza, ¡confianza, confianza, confianza! No queda otra que abandonarse, será lo que Dios quiera, y José deja que la Providencia lo moldee.

12) Sexto gozo: encuentran un hogar.

Finalmente Dios establece a la Sagrada Familia en Nazaret, cumpliendo una vez más las escrituras. José establece su humilde taller de carpintero y pasa años felices viendo a Jesús crecer entre virutas, maderas y clavos, un anticipo de lo que sería la redención.

13) Séptimo dolor: la desesperación en el Templo.

Jesús se pierde de la mirada de sus padres mientras regresaban de haber subido al templo por la Pascua. Preguntaron a parientes y conocidos y nadie sabía nada del niño. Durante tres días estuvieron buscándolo, ¡cuánta angustia debió haber sentido José, el responsable de todo lo que le pasara a Jesús!

14) Séptimo gozo: Jesús en hallado en el Templo.

Al cabo de tres días por fin dan con Jesús en Jerusalén. Se encontraba en el templo sentado en medio de los doctores escuchando y enseñando. ¿Cómo expresar esta alegría tan inmensa después de tanta angustia y oración para que aparezca? No hay felicidad más grande que estar con Jesús y José es uno de los primeros en comprobarlo.

Silenciosa y casi desapercibida, la vida de San José tiene mucho para meditar. Ojalá podamos llegar a su fiesta del 19 de marzo habiendo conocido un poco más su rol como padre adoptivo de Jesús, pero sobre todo habiendo incorporado su confianza plena en Dios, que siempre lo tuvo de su mano.

 

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