En el artículo pasado de esta serie consideramos la existencia de Dios mediante la necesidad de una primera causa. Esta vez vamos a ver el asunto desde una perspectiva diferente: ¿Existe algún propósito en el universo y todo lo que nos rodea? ¿El universo fue creado con una intención en mente? Para algunas personas en su experiencia del día a día es evidente que sí, pero veamos si es una posición que se mantiene lógicamente.

Argumentos clásicos

Comenzamos por la quinta vía de Santo Tomás para demostrar la existencia de Dios, o la vía del “ordenamiento de las cosas”. Es un argumento basado en la teleología, es decir, que como se ve una intención o finalidad en el universo y las cosas que contiene, se infiere que hay un diseñador que lo puso todo en marcha.

Vemos que hay cosas que no tienen conocimiento y que siempre o a menudo obran por un fin.

Se deduce que, para alcanzar su objetivo, no obran al azar, sino intencionadamente.

Las cosas que no tienen conocimiento no tienden hacia un fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento e inteligencia, como la flecha por el arquero.

Por lo tanto, hay alguien inteligente por el que todas las cosas son dirigidas hacia su fin.

A esta inteligencia la llamamos Dios.

Otra variable de este argumento teleológico es la “analogía del relojero” declarada por el filósofo William Paley en el siglo XVIII. Lo narra en forma de historia: estás caminando y te encuentras un reloj en el piso. Cuando lo revisas, te das cuenta de que todas sus partes están dispuestas para cumplir con un cierto propósito. Tiene un cierto movimiento que sirve para indicar la hora, y si las partes del reloj no hubieran sido puestas de esa manera o si las piezas fueran de un tamaño distinto, el reloj no podría cumplir esa función.

Es inevitable inferir que el reloj tuvo que haber tenido un diseñador. Incluso si el reloj a veces no funcionara a la perfección o cometiera errores, es imposible no observar un propósito en su mecanismo e inferir que tuvo una inteligencia que lo diseñó. Tampoco se invalidaría el diseño si se encontraran partes del mecanismo que parecieran no tener propósito, porque no negarían el propósito de las demás partes. Ni se podría decir que el reloj se formó aleatoriamente por ser una de las infinitas configuraciones de la materia. Si se dijera que el reloj fue producido por otro reloj o máquina antes de éste, todavía no se respondería el problema del diseño. El punto de la analogía es el siguiente: si inferimos un relojero como diseñador del reloj, también debemos inferir un diseñador inteligente para el universo.

Aunque estos argumentos podrían sonar muy válidos para una persona creyente, lo cierto es que han perdido su fuerza actualmente debido al desarrollo de la teoría de la evolución, que demuestra cómo de formas de vida más simples se pueden originar organismos complejos y de cómo la selección natural a través de milenios permitió las formas de vida que conocemos hoy en día. Incluso un materialista podría afirmar que la vida no tiene ningún sentido y simplemente somos el subproducto sobreviviente de una serie aleatoria de mutaciones y configuraciones de materia. La apariencia de diseño sería solo eso, una impresión de nuestras mentes que en realidad no tiene sentido.

Cabe aclarar que si bien es cierto que la teoría de la evolución todavía no ha logrado explicar varios fenómenos, como por ejemplo que desde un “caldo primitivo” pudieran aparecer las primeras células, también es cierto, como lo hemos comentado en otros artículos , que de ser cierta la teoría de la evolución, no niega la verdad del cristianismo y un católico puede creer perfectamente en la teoría de la evolución y en la creación divina al mismo tiempo. De hecho, el mismo San Agustín en el siglo V d.C. en su libro De Genesi ad litteram (“Sobre la interpretación literal del Génesis”) dice que Dios no creó a las creaturas de la naturaleza en su forma madura, sino que creó “semillas primordiales” de las cuales gradualmente emergieron los seres vivos que conocemos hoy en día, anticipando la teoría de la evolución. En otras palabras, incluso los primeros teólogos de la Iglesia sabían que el Génesis no debía tener una interpretación literal y que sin embargo esto no estaba en contradicción con la enseñanza de un Dios creador y diseñador del universo.

Argumento del fine-tuning

Por esta razón, la mayoría de los teólogos modernos para defender la presencia de un propósito en la creación, en lugar de buscar demostrar la certeza filosófica de un diseño como lo hacen los primeros dos argumentos, se concentran más en la probabilidad científica de que exista un universo como el que tenemos y en descubrir cuál sería su causa más probable. Se basan menos en la complejidad biológica de los organismos y más en el fine-tuning o ajuste fino de los valores físicos que hicieron que en nuestro universo la vida fuera viable.

Nuestro universo se rige por una serie de números independientes que son las constantes y cantidades fundamentales. Cada uno de estos números tiene un valor increíblemente preciso. Si alguno de estos números tuviera un valor ligeramente distinto, no podría existir ninguna forma de vida. Por ejemplo, Roger Penrose, físico de la Universidad de Oxford, ha calculado que la probabilidad de que el inicio del universo tuviera, al azar, un nivel bajo de entropía (necesario para sostener la vida) es de 1 en 10^10^123. Este número es tan absurdamente alto que más o menos equivale a la probabilidad de que un mono, tocando las teclas de un teclado aleatoriamente, lograra escribir la obra completa de Macbeth.

Otro ejemplo es el de la constante gravitacional. Según el físico Paul Davies, si su valor variara en tan solo 1/10^50, o el Big Bang hubiera sido demasiado explosivo y no se hubieran podido formar las galaxias y estrellas, o hubiera sido demasiado poco explosivo y el universo hubiera vuelto a colapsar en sí mismo.

“El hecho extraordinario es que los valores de estos números parecen haber sido ajustados muy precisamente para hacer posible el desarrollo de la vida.” –Stephen Hawking, A Brief History of Time, p. 125

Hay tres posibles explicaciones para el “fine-tuning” del universo: la necesidad física, el azar o el diseño inteligente. La mayoría de los científicos coinciden en que no hay evidencia de que los valores que permiten la vida en el universo sean necesariamente los que tenemos. Es mucho más probable que un universo no permita la vida a que lo permita. Esto de igual forma demuestra que el azar es una explicación mucho menos probable para el origen de nuestro universo que el diseño inteligente.

Objeciones

El multiverso: Sí hay una forma de que nuestro universo pueda haber sido creado al azar. Si no existiera un solo universo, sino múltiples universos, cada uno con sus propios valores para las constantes y cantidades fundamentales, aunque tuvieran que existir trillones de universos, lo más probable es que en al menos uno de ellos se dieran las condiciones necesarias para la vida, como en el nuestro.

Respuesta: El multiverso es una construcción teórica para la cual no existe evidencia. Si existe, no puede ser observado ni verificado mediante el método científico, así que no es más plausible científicamente como hipótesis que la existencia de un Diseñador inteligente (que tampoco se puede verificar por el método científico). Además, proponer la existencia de trillones de universos es una explicación mucho más compleja que proponer un Diseñador inteligente, por lo que va en contra del principio de la “navaja” de Ockham: “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. Por último, este multiverso también requiere su propio fine-tuning. ¿Cómo se explicaría la existencia de universos burbuja que no interfieran el uno con el otro? Incluso si en verdad existiera la hipótesis del multiverso, no eliminaría la necesidad de una mente inteligente que lo hiciera fine-tuned.

“Invocar una infinidad de universos invisibles para explicar las características inusuales del universo que sí vemos es tan ad hoc como invocar un Creador invisible. La teoría del multiverso podrá estar disfrazada de lenguaje científico, pero en esencia requiere el mismo salto de fe.” – Paul Davies, A Brief History of the Multiverse

El planeta tierra es insignificante: Se estima que tan solo en la Vía Láctea hay al menos 100 mil millones de planetas. Además, se cree que el universo tiene aproximadamente 14 mil millones de años pero que la tierra tiene tan solo 4.5 mil millones. ¿Por qué Dios haría un universo tan grande y se concentraría en la tierra? ¿Por qué tardar tantos millones de años en crear la tierra? Dado que el planeta tierra es sólo una “bola azul” entre un vasto universo, ¿qué nos hace creer que nuestras vidas tienen un propósito?

Respuesta: Este argumento es una falacia. No hay ninguna razón por la cual el tamaño o la edad del universo le quitarían sentido a nuestras existencias en la tierra, sobre todo si crees en un Dios que es omnipotente, omnipresente y que existe fuera del tiempo. No es como si 14 mil millones de años fuera demasiado tiempo para un Dios eterno, o como si nuestro planeta se le fuera a perder a Dios en un universo tan grande. El tamaño o la edad de la tierra no le quitan validez a los argumentos de causalidad ni de la necesidad del fine-tuning del universo.

Si Dios es perfecto, ¿por qué su creación es imperfecta?

Respuesta: Si la pregunta se refiere a por qué los seres humanos no siempre obramos de la manera correcta, eso lo responderemos en un siguiente artículo. Si más bien se refiere a que las creaturas somos imperfectas, es lógico pensar que justo por el hecho de ser creatura somos imperfectos. Como también lo trataremos en un siguiente artículo, sólo Dios es perfecto, es más, es la perfección en sí. Y como sólo hay una perfección, todo lo que no sea Dios (o sea, una creatura) por definición tiene que ser imperfecto puesto que tiene que ser diferente de él.

Conclusión

Como dijimos anteriormente, el argumento del fine-tuning no apunta tanto hacia demostrar la certeza de la existencia de Dios, sino hacia la probabilidad de que sea la mejor explicación para la compleja estructura del universo. Sin embargo, después de considerar todo esto cabe preguntarse, ¿cuál de las dos posibilidades requiere menos fe? ¿El azar o la mente inteligente?

Para conocer más sobre este tema, te recomendamos leer las siguientes fuentes:

 

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