Para muchos la única referencia que tienen de la vida religiosa son las representaciones de personas religiosas en las películas. En el cine vemos la típica monja amargada y regañona o el monje despistado e incompetente (como mínimo), representaciones que no hacen justicia a la vida religiosa ni a sus miembros, pero al ser la única referencia que tenemos se convierten en nuestro estereotipo.

No digo que no existan monjas amargadas o monjes despistados, pero esto no es ni lo característico de la vida religiosa ni es lo que encontramos comúnmente. Los religiosos son personas normales con sus virtudes y sus defectos al igual que nosotros, pero que tienen un llamado particular.

Algunos ven a las monjas como la versión femenina del sacerdocio en la iglesia católica, una dicotomía en la que los hombres son sacerdotes y las mujeres monjas. El sacerdocio es algo diverso a la vida religiosa y aunque en la Iglesia católica el sacerdocio es exclusivo para los hombres, la vida religiosa tiene ramas femeninas y ramas masculinas.

¿Qué es la vida religiosa?

La vida religiosa es una forma de vida a la que son llamadas algunas personas. Esta forma de vida consiste en una consagración total a Dios haciendo votos de pobreza, castidad y obediencia, viviendo una vida comunitaria entre ellos y siguiendo una norma de vida según la comunidad religiosa a la que pertenezcan.

Los votos religiosos brotan de los “consejos evangélicos”, son literalmente consejos que brotan del evangelio para vivir una vida más perfecta y llegar a la santidad. Como consejos no tienen el carácter obligatorio de los mandamientos, pero son consejos que Cristo nos da a todos los cristianos para vivir una vida espiritual más profunda. En otro artículo hablaré sobre los consejos evangélicos y responderé a las ideas equivocadas que tenemos sobre ellos.

Los religiosos toman estos consejos y hacen un voto comprometiéndose a vivirlos de una manera más profunda. Al hacer este compromiso con Dios los consejos evangélicos se convierten para estas personas en normas para su vida. Realizando este compromiso es que se consagran con mayor profundidad a Dios.

Esto no significa que se hagan personas perfectas y no falten nunca a vivir la pobreza, la castidad y la obediencia, así como las personas casadas pueden faltar también a sus compromisos matrimoniales. “siete veces cae el justo” dice el libro de Proverbios 24, 16.  Su fragilidad no desaparece, sus miedos y sus debilidades no se mitigan y como nosotros pueden fallar también en su misión.

La vida comunitaria o fraterna

La vida fraterna en comunidad es muy importante para la vida religiosa. Desde los primeros siglos los cristianos se reunían en comunidades para vivir la fe, la vida cristiana no es individualista, sino que es comunitaria y los cristianos de los primeros siglos ya reconocían la gran importancia del apoyo mutuo para lograr alcanzar la santidad. A imitación de estas primeras comunidades los religiosos se comprometen a vivir como un núcleo familiar en el que todos se reúnen para orar, descansar y motivarse mutuamente en la lucha del día a día.

Por último, está la regla. Más que un conjunto de normas que hay que seguir, que también están y son parte de la regla, es el compendio de la espiritualidad y estilo de vida que lleva la comunidad religiosa. Dentro de la visión y la misión de la Iglesia, cada comunidad religiosa tiene una visión y misión propia, una manera de vivir la fe y una manera de realizar las actividades apostólicas. En pocas palabras podemos decir que cada comunidad religiosa tiene su carisma propio y en la regla podemos encontrar la fuente que explica este carisma y una normativa para su vivencia práctica.

El lugar de la vida religiosa en la Iglesia

Durante la historia ha habido muchas congregaciones religiosas que viven de formas muy distintas. Existen comunidades religiosas que viven en absoluta separación y cada uno de sus miembros está gran parte del tiempo solo en oración y trabajo, de este tipo existen los cartujos. Este tipo de órdenes son de las más antiguas.

Con el pasar de la historia, Dios ha ido suscitando nuevas vocaciones que van respondiendo a las necesidades del mundo. Desde la caída del imperio Romano las congregaciones religiosas han sido clave en la preservación y reconstrucción de la civilización occidental. Desde los Benedictinos que se convirtieron en guardianes del conocimiento antiguo y centros de educación para la nueva Europa, pasando por las incontables órdenes que fundaron hospitales, orfanatos, asilos, colegios e incluso órdenes militares que custodiaban los lugares santos en Israel, hasta las grandes órdenes misioneras como los Jesuitas que llevaron la fe alrededor del mundo.

Las órdenes religiosas han sido respuestas de Dios a las grandes crisis espirituales y sociales que ha sufrido la Iglesia. En ellas vemos cómo el Espíritu Santo va renovando a su Iglesia, le infunde nueva vida y por medio de estas personas a las que llama de forma particular se hace presente en las realidades que afectan al mundo en cada momento de la historia.

Otras formas de Vida en la Iglesia

La vida religiosa es sólo una de las formas en que las personas se pueden consagrar a Dios. La Iglesia hace una distinción entre vida consagrada y vida religiosa. La vida religiosa es una forma de consagración y es la más antigua pero hoy en día tenemos muchas otras formas de vida consagrada en la Iglesia.

Parte de nuestro recorrido en esta vida consiste en encontrar cual es la vocación que Dios tiene preparada para nosotros, ya sea en la vida religiosa en sus tan variadas posibilidades, en la vida consagrada o en la vida matrimonial.

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