Leo que el Papa Francisco figura en la lista de las personas más poderosas del mundo en 2018, según la revista Forbes. Ocupa el sexto lugar después de los presidentes de China (1º), Rusia (2º), Estados Unidos (3º) o Alemania (4º), y antes del multimillonario Bill Gates (7º). Aquí la lista completa de 75 personalidades.

Me llama la atención que el Papa Francisco siga captando el interés de la prensa externa no religiosa. No es la primera vez que sucede algo así: por ejemplo, para la revista Time fue el personaje del año 2013; y más de una vez ha salido en la portada de la revista Rolling Stone (edición estadounidense de febrero 2014 y edición italiana de marzo 2017).

De entrada me parece positivo este interés, pues puede ser una oportunidad para que más personas se beneficien del mensaje trascendente del Papa. De sobra es conocido el empeño del Santo Padre Francisco por tender puentes y llegar a las «periferias geográficas y existenciales».

También leo los motivos destacados por la revista Forbes:

  • El Papa Francisco es el líder espiritual de más de una sexta parte de la población mundial, 1.300 millones de personas.
  • Ha hecho suya la misión personal de transformar la antigua imagen conservadora de la Iglesia Católica.
  • En noviembre de 2016 concedió a los sacerdotes el poder de perdonar a las mujeres que abortan.
  • Ha continuado presionando por la reforma del cambio climático, un mejor tratamiento de los refugiados y una mayor atención a la persecución de las minorías religiosas.
  • Sin embargo, Francisco ha mantenido algunos aspectos tradicionales de la Iglesia, incluida la prohibición de mujeres en el clero.

¿Qué nos dicen estos «titulares»?

El primer motivo es un dato estadístico del catolicismo, que es la confesión religiosa con más seguidores. En el segundo percibo la esperanza que algunos tienen de que la Iglesia progrese y deje de ser tan conservadora; en este mismo sentido veo los motivos tercero y quinto.

Sin duda que todo esto es parte del «efecto Francisco» en el mundo. En correlación con este efecto, algunos en la Iglesia ya empiezan a hablar de un «cambio de paradigma». Es innegable que está habiendo cambios con el Papa Francisco: la Iglesia, de origen divino y fundada por Jesucristo, es también humana y en lo accesorio se va adaptando a los tiempos.

No obstante, la Iglesia no puede cambiar en lo fundamental. Comparto mis siguientes impresiones y observaciones:

  1. Recalco que me parece positivo el «efecto Francisco». El programa del Papa se puede resumir en la palabra «misericordia», que está en el corazón del Evangelio. Es la actitud de comprensión, de acogida, de escucha, de perdón e integración. Es una riqueza permanente de nuestra fe que el Papa ha hecho más visible.
  2. Todos los católicos podemos aprovechar esta oportunidad para acercar más gente a Jesucristo a través de la Iglesia. El desafío es grande, pues a menudo choca la visión terrena del mundo con nuestra misión sobrenatural de llegar al cielo.
  3. En este choque de visiones, no podemos quedarnos en la etiqueta externa, más bien política, de encasillar al Papa y a la Iglesia de progresistas o conservadores.
  4. Es importante saber distinguir lo accesorio de lo fundamental en nuestra fe cristiana. Lo primero se puede ir actualizando, lo segundo no. Para ello es necesario ir conociendo
    mejor nuestra fe en sus fuentes genuinas (Sagrada Escritura, Tradición y Magisterio).
  5. Lo accesorio es disciplinar, externo, como el idioma de la Santa Misa: hasta los años sesenta del siglo pasado siempre y en todas partes era en latín, pero ahora se puede celebrar en el idioma del pueblo.
  6. Lo fundamental es de origen divino: por ejemplo, los dogmas de la Santísima Trinidad o de la Encarnación del Hijo de Dios; o en el campo moral, la indisolubilidad del matrimonio o el rechazo de los actos homosexuales.

Los cambios del Papa Francisco…

Es en el terreno de lo accesorio donde el Papa Francisco ha realizado cambios, pero en lo fundamental no podemos esperar cambios. Por ello, aunque aprecio y comparto el denominado «efecto Francisco», no me parece apropiado el supuesto «cambio de paradigma» que le quieren atribuir. Esta expresión pertenece al campo de las ciencias exactas y fue acuñado por el historiador y filósofo de las ciencias Thomas Kuhn en su ensayo La estructura de las revoluciones científicas (1962). Un «cambio de paradigma» es una ruptura, un cambio drástico en la visión del mundo. La expresión puede valer como comparación en otros campos no científicos. Sin embargo, en el caso del Papa no me parece afortunada para encuadrar su programa, pues en la Iglesia no caben las rupturas ni los cambios bruscos de una revolución. Ha habido cambios en la comprensión o aplicación de su doctrina, pero no de la doctrina en sí.

Sé que no es fácil distinguir lo fundamental de lo accesorio en los diversos aspectos de la Iglesia: el Credo, la liturgia y los sacramentos, los mandamientos o la oración. De modo especial lo noto en la moral. Recuerdo cuando el Papa Francisco declaró francamente a propósito de los homosexuales:

«Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla? El Catecismo de la Iglesia Católica explica esto de una manera muy hermosa: “No se debe marginar a estas personas por eso, deben ser integradas en la sociedad”. El problema no es tener esta tendencia; no, debemos ser hermanos…» (Conferencia de prensa durante el vuelo de regreso de Río de Janeiro a Roma, 29 de julio de 2013).

Para algunos esta declaración fue una revolución, un cambio drástico. Pero si leemos todo el párrafo, vemos que el Papa Francisco se refería al Catecismo de la Iglesia Católica, anterior a él. Resaltaba la actitud con que debemos tratar a estas personas. Esto sí podría ser un cambio: un cambio en el sentido de enfatizar la acogida y el respeto debido a las personas que sufren la tendencia homosexual. No obstante, la doctrina sobre los actos homosexuales no es que la haya cambiado; mucho menos ha aprobado las uniones o los «matrimonios» homosexuales. Una cosa es la acogida a las personas y otra el juicio moral sobre sus actos.

Quede asentado el principio de saber distinguir lo accesorio de lo fundamental en la vida cristiana. También sepamos responder a la insistencia novedosa del Papa Francisco por hacer «una Iglesia en salida» que va a buscar a la gente más necesitada allí donde se encuentra; así podremos conectar con las expectativas de las personas alejadas que comienzan a acercarse más a Cristo en su Iglesia. Y sobre todo recemos por el Papa tal como lo suele pedir al final de sus intervenciones: «Y no se olviden de rezar por mí». Dios lo asista y proteja en su ministerio.

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