Existen ocasiones en las que podemos expresar nuestro aprecio o cariño hacia otra persona con pequeños detalles, como puede ser un regalo. Existen épocas importantes donde estos detalles representan el gran amor que le tenemos a otras personas. Posterior a ese detalle que recibimos, nos toca agradecer por el gesto que tuvo esa persona con nosotros. Sin embargo, a veces nos confundimos y pensamos que todos los regalos tienen que ser materiales y eso es una equivocación porque nosotros podemos ser regaladores de felicidad y amor a un bajo costo. En el caso de Dios sucede lo mismo. Existen métodos o prácticas que podemos realizar a lo largo de nuestra vida para agradecerle y ofrecerle nuestros regalos.

Usa las herramientas

Un método que podemos utilizar es la alabanza. Esta es la oración más perfecta y certera. También es espontánea. No hay formalismos o guías para seguir una alabanza. Alabamos a Dios con total desinterés porque se lo merece; no por obligación o porque hemos recibido favores. Su misericordia es eterna y es lo que vamos a agradecer. La alabanza no necesita más motivos: reconocemos la belleza de Dios y la celebramos.

Es un don que Dios da a las almas humildes para reconocer y elevar el Espíritu, reconociendo su grandeza, fuerza y su honor. Con ella ponemos nuestra mirada y nuestro corazón en Dios, para que sea Él quien reine en nuestro ser y se haga Su voluntad.

¡Que hable el amor!

Otro método muy importante y bueno que tenemos a disposición es la oración. Orar es dejar que el amor hable, es un lenguaje aparte y especial. Es un lenguaje que solamente entienden los que aman;  basta un gesto, una mirada o una simple sonrisa en el momento adecuado. Tenemos que dejar que el amor actúe en nosotros para nosotros hablar del amor, y poder hacer que ese amor llegue a todas las personas a nuestro alrededor.

Dejémonos conducir por el Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo mismo es ese amor fraternal recíproco, es decir, el amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre. Tengamos ese corazón dispuesto a amar sin esperar algo a cambio. Entre más sencillo, mejor. Es la sencillez la que logra un mejor estado de unión con nuestro Señor. Es más puro y transparente cuando se hace sencillo y sin complicaciones. Dejémonos llevar por ese amor fraterno y démosle ese regalo diariamente, para que veamos su mano en todo lo que hagamos y crezca nuestra relación con Él. Con esto no solo mejoramos nuestra relación, sino que empezamos a tener más fe y vamos entendiendo la voluntad de Dios.

¿Cómo podemos otorgar a Dios estos regalos?

1- Alabanza y oración:
Tanto la alabanza como la oración pueden hacerse en cualquier momento. Escojamos un momento adecuado del día para hacerla.

2- Escoge un buen lugar:
Ojalá que este lugar sea silencioso o apartado del día a día. Puede ser una pequeña caminata o la ida a un parque. En nuestra universidad u oficina podemos buscar un lugar con poca gente y acorde.

3- Agradece:
Empieza agradeciendo por todo lo que tienes, lo más mínimo que sea. Sólo el hecho de estar vivo y respirando ese día es una gran bendición.

4- Establece recordatorios:
Pon una alarma o un recordatorio en tu escritorio, el teléfono o en la computadora. Este será tu mejor aliado para no olvidar hacerlo.

Estos pueden ser esos regalos que le hacemos a Dios diariamente, y Él lo va agradecer en lo más profundo de su ser. Tenemos tanto que agradecer sólo con el hecho de respirar, de saber que tenemos una familia, que podemos ir a estudiar y trabajar.

Dios no nos pide regalos extravagantes o altos en precio, Él sólo quiere que lo tengamos presente en nuestras vidas y que le demos un buen campo en ella. Que confiemos en Él, que tengamos la certeza de recurrir a Él cuando estamos tristes y cuando queremos que algo nos salga de la mejor manera posible. Porque Él siempre va estar ahí cuando más lo necesitemos.

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