Creo que a muchos nos ha pasado que vamos al refrigerador para ver qué podemos comer y nos encontramos con una fruta o un pan con moho. El moho es ese hongo que se produce sobre materia orgánica, creando una capa y lo que hace es que ayuda a la descomposición de esa fruta. Cuando una fruta ya está “infectada”, las otras que están cerca corren el riesgo de empezar a descomponerse y llegar al punto que se pudran. Sin embargo, ese mismo moho del pan puede ser convertido en algo bueno. Por ejemplo, hace décadas así fue como se descubrió la penicilina, un potente antibiótico que ayudó a la medicina y revolucionó el tratamiento de las infecciones bacterianas.

¡Abre bien los ojos!

Todos, en la vida que llevamos, podemos encontrar en nuestro alrededor personas o situaciones que se asemejen a ese hongo adherido a nosotros. Desde cualquier ámbito que lo veamos, puede ser una amistad que empezó a ser tóxica; algún  compañero de trabajo que no nos está trayendo nada constructivo a nuestra vida; o hasta  alguna situación o problema interno que lo que nos hace es ver lo negativo en la vida o las fallas de los demás. En fin, desde donde lo miremos podemos encontrar esa pieza que no está bien y que nos está causando un desorden total en nuestra vida.

Como humanos fallamos y tenemos nuestros altos y bajos, pero también, como humanos debemos poder encontrar esa mejoría en nuestra situación. Hacernos valer y poder ser mejores personas. Para poder llevar a cabo esto podemos hacer un examen de conciencia y hacer esa introspección personal de ver qué está bien y qué está mal. Cuando algo así sucede puedo pedirle al Espíritu Santo la guía para escoger el mejor camino, que sea Él quien me ayude a tomar esa decisión. El don del discernimiento es un regalo que podemos tener, sólo hay que pedírselo.  Sabemos que Él siempre está ahí para ayudarnos y para sacarnos de dudas. Solamente basta con pensar en Él y todo lo demás vendrá poco a poco.

Seres de gratitud

Esta evaluación propia me va a poner en perspectiva de cómo estoy siendo yo con los demás. Dar las gracias es una forma de disminuir y evitar ser ese moho en los demás. El agradecimiento nos cambia la vida y nos cambia el estado de ánimo. El Papa Benedicto XVI es el Papa de las “gracias”, él le daba las gracias a todos los que lo acompañaban: a su secretario, al que le abría la puerta del carro, al que le pasaba alguna nota o papel. Es decir, a todos y cada una de las personas con las que él se topaba. Y lo mejor de esa actitud positiva es que, ¡se recibe tanto, dando tan poco! No perdamos este valor tan importante en nuestro diario vivir.

El tiempo vuela

El gastar energía en sólo las cosas que valgan la pena cosechar, mantener una buena amistad con un amigo de la infancia o del colegio, una vecina o una compañera de trabajo. El optimismo es una virtud y es la que nos lleva a ver las cosas bajo el aspecto más favorable. A veces cuesta entender los contratiempos que tenemos, pero con optimismo podemos tener la confianza de que podemos salir adelante. Es importante la plena confianza en Dios, en los demás y en nosotros mismos. El ser optimistas nos lleva a tener un buen clima alrededor, pues le hacen mucho bien a los demás. Cuando uno es optimista, se contagia a los demás.

Vivimos en un mundo en el cual se juzga el valor de una persona a razón de los bienes materiales que tiene. Llenamos un hueco o un vacío con cosas materiales. Entonces propongámonos vivir una vida dándole menos valor a las cosas materiales, esto hará que yo pueda encontrarle más sentido a un gesto, una sonrisa o un abrazo.

El adquirir un bien material nos da una sensación de falsa felicidad porque es algo nuevo que está supliendo algo que pensamos nos va a hacer felices, pero podemos llegar a una confusión de creer que esas cosas materiales son necesarias para experimentar esa felicidad. Una buena ayuda para evitar el materialismo es enseñar el hábito de “dar”. Lo podemos vivir en un apostolado, ayudándole a alguien necesitado o donando nuestro tiempo a alguna asociación benéfica. El darnos a los demás nos hace más sencillos y humildes. Muchos lo hemos experimentado y sabemos lo reconfortante que puede ser. Nos ponemos en perspectiva de otras realidades que hacen que aprendamos y veamos la vida de otra manera.

Límpiate el hongo

Evitar llenarnos de ese moho es lo que tenemos que hacer con todas nuestras relaciones y actitudes. El estar con moho en nuestras vidas hace que no avancemos y que estemos totalmente frenados. Esto hace que nos dejemos llevar por la amargura, el dolor, la ira y la tristeza más fácilmente. Todo esto hace que la vida se haga un camino sin un propósito. Algo que ayuda mucho en este camino es la participación activa de los sacramentos, pues son una gran ayuda para unirnos a Cristo y llevar nuestra vida a un nivel más alto espiritualmente (que está en constante crecimiento).

Así, de la misma forma como el moho pudo ser usado para fabricar algo bueno, podemos canalizar todo esto para poder transformarnos y poder ser personas de bien para quienes nos rodean. Que amigos, familiares y compañeros puedan ver lo valioso que podemos ser en sus vidas con sólo tener presente este tipo de actitudes y ponerlas en práctica.

¿Ya conoces nuestra sección de Ask? Si tienes dudas sobre la fe, envíanos tu pregunta a través de este botón.

Survey


¿Qué tan seguido rezas el Rosario?

Francisco Says

¿El Papa de las redes?

¿Quieres estar al día con todo lo que el Papa Francisco dice y publica a través de sus redes? ¡Síguelo […]

Privacy Preference Center