Desde niños crecemos en su mayoría pensando en cómo será cuando nos casemos,  la vida en pareja, el tener hijos, y los demás sueños que se nos presentan con este  estado de vida. Nuestros padres nos ven y nos sueñan casados, incluso desde  jóvenes nos van indicando que debemos ser sabios al elegir cuál será esa persona  con la cual compartir nuestra vida y nos desean los mayores éxitos en esta labor. Con  todo esto en el panorama, pareciera estar por sentado el hecho de que hemos nacido  para casarnos, o en los tiempos que corren hoy, para “vivir en pareja”, pues para  muchos ya hasta el matrimonio no es más que un signo arcaico que carece de valor. 

Esa depreciación del valor del matrimonio viene en parte de ese espacio como valor predeterminado que le hemos asignado, es por eso vemos tantos fracasos en las  parejas. Muchos piensan que se trata solo de existir, ir por ahí, conocer alguien que  te guste y adelante, sin antes ni siquiera preguntarse si están listos o si serán capaces de amar de verdad. 

El discernimiento verdadero

Si bien es cierto hemos sido creados para amar y al amor nos debemos. Este no es  solo se manifiesta en una pareja, también se puede amar desde la soltería, el  sacerdocio, la vida religiosa, de maneras distintas, por supuesto. Pero ahí es donde está el meollo del asunto, nacimos para amar, no para que este  amor sea obligatoriamente a través de la vida en pareja. 

El matrimonio, como toda vocación debe conllevar discernimiento. Debe haber sido meditado humana y espiritualmente, ver si nuestra alma vibra con esta vocación, si  nos hace querer salir de nosotros mismos y elegir amar sin retorno. Es así que se  debe tomar la opción de acoger la vocación matrimonial, desde la oración, el  descubrimiento y la preparación para la misma. Jamás puede ser desde la apatía y él  sin sentido de ni siquiera saber si nos hará plenos. 

Así que te invito, medítalo, quizás no aquí, quizás no ahora, pero no dejes de buscarlo en la inmensidad de Dios. Seguro Él tiene la respuesta, y te aseguro que cuando tengas la certeza y veas si es el matrimonio es tu camino de vida, te sentirás pleno.  Con un norte claro, y encaminado como nunca antes, empezarás a trabajar para prepararte para la vida que se te ha revelado. 

Mucho ánimo en tu camino, y espero que podamos hacer que el matrimonio sea de nuevo un fruto de discernimiento meditado, y no algo predeterminado. 

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