Fumar marihuana, ¿pecado? 

El uso y la aceptación de la marihuana es cada vez más común y es posible que en los próximos años esta se convierta en la droga favorita de los millennials, superando al alcohol. En medio de este contexto cabe preguntar, ¿qué enseña la Iglesia sobre la marihuana, y en general las sustancias estupefacientes?

Una respuesta rápida podría ser que, como la marihuana es ilegal en la mayoría de los países del mundo, estaría mal consumirla porque los católicos están obligados a obedecer las leyes civiles que sean justas (CIC 1900). Además, se estaría cooperando directamente con el negocio del narcotráfico. Pero esto no responde a la esencia de la pregunta: ¿Qué tal si vivo en un lugar en el que el uso recreacional de la marihuana es legal, y además tengo mi propia planta de Cannabis para no colaborar con el crimen organizado? Además, muchas veces se apunta a la hipocresía de las personas que ven mal el uso de la marihuana u otras sustancias, mientras que aprueban el consumo del alcohol. Así que para responder a esto, veamos qué tiene que decir la Iglesia sobre los estupefacientes en general.

La embriaguez y la ocasión de pecado

Santo Tomás de Aquino, uno de los más grandes teólogos en la historia de la Iglesia, respondiendo a la pregunta sobre si emborracharse es pecado mortal o no, dice lo siguiente:

“[La] embriaguez es pecado mortal, porque en este caso el hombre se priva conscientemente del uso de su razón, que le hace practicar la virtud y apartarse del pecado. Peca, pues, mortalmente porque se pone en peligro de pecar”. (Summa Theologica, II-II, cuestión 150, artículo 2).

Santo Tomás dijo esto sobre el alcohol porque probablemente era la única droga conocida en su tiempo y lugar, sin embargo, se puede aplicar el mismo principio para todas las demás sustancias psicoactivas. Los seres humanos tenemos las facultades de la libertad, la voluntad y la inteligencia, que nos diferencian de los animales y nos hacen capaces de tomar decisiones responsables y orientadas hacia un bien. Cuando voluntariamente renunciamos a estas facultades para obtener placer o huir de nuestros problemas, estamos poniéndonos de manera injustificada en ocasión de pecado, es decir, en una situación en la que podríamos hacerle daño a otras personas, a nosotros mismos, o cometer cualquier otro pecado. Cuando un médico administra a un paciente alguna droga para mantenerlo bajo sedación o para controlar los síntomas de una enfermedad, lo hace con una intención terapéutica o paliativa, por lo cual el uso de esa sustancia sí estaría justificado éticamente. Por esta razón, sí estaría justificado el uso de Cannabis como alternativa terapéutica bajo indicación médica, pero no así el consumo “recreacional”.

El alcohol, bebido con moderación, puede producir efectos placenteros sin llegar a producir un estado completo de embriaguez. Es por eso que se puede beber con moderación sin estar pecando. Sin embargo, otras drogas producen sus efectos estupefacientes sin importar la dosis. ¿Se puede fumar marihuana sin llegar a un estado de pérdida del dominio propio? No lo sé por experiencia propia, pero según amigos, sí se puede; si llegas a desarrollar cierta tolerancia. Esto es, un fenómeno que ocurre con la mayoría de las sustancias psicoactivas, en el cual cada vez son necesarias mayores dosis para producir el mismo efecto. Sin embargo, me pregunto si vale la pena desarrollar tolerancia al Cannabis para disfrutar sus efectos, lo cual me lleva al siguiente punto.

Las motivaciones para consumir y la regla de Chesterton

Según un estudio realizado en 2015 en Países Bajos sobre los motivos por los cuales los adultos jóvenes consumen marihuana, las principales razones fueron “para olvidar mis problemas” (91%) y “para olvidar mis preocupaciones” (84%). Sin embargo, no creo que estas motivaciones apliquen únicamente para el uso de la marihuana. Estoy seguro que muchas personas consumen alcohol o alguna otra sustancia, o tienen alguna otra adicción compulsiva como la pornografía, por estas mismas razones. Además, si bien la marihuana puede ser una droga gateway que lleve al consumo de otras drogas, también el abuso de alcohol puede llevar a otras adicciones.

“Las drogas son una forma de protesta contra los hechos. El que las toma, se rehúsa a resignarse al mundo de los hechos, y busca un mundo mejor. Las drogas son el resultado de la desesperación en un mundo percibido como una prisión de hechos (…) El “viaje” que los hombres persiguen en las drogas, es una perversión de misticismo, de la necesidad humana por el infinito, el rechazo de la imposibilidad de trascender la inmanencia, y un intento de extender los límites de la propia existencia hacia el infinito. (…) Las drogas son el pseudo-misticismo de un mundo que no cree, y que sin embargo no se puede deshacer del anhelo que el alma tiene por el paraíso”. (Joseph Ratzinger, A Turning Point for Europe?).

Es necesario entonces diferenciar entre un consumo sano del alcohol, y un abuso de cualquier sustancia que puede provenir de una carencia afectiva o del deseo de evadir la realidad. Es por eso que G.K. Chesterton, uno de los filósofos católicos más famosos del siglo XX, inventó una regla que podemos seguir para consumir alcohol responsablemente:

“Bebe porque estás feliz, pero nunca porque estés triste. Nunca bebas porque te sientas miserable si no lo haces, o serás como el borracho de cara gris en el callejón; sino bebe cuando podrías estar feliz sin beber, y serás como el campesino sonriente en Italia. Nunca bebas porque lo necesites”. (G.K. Chesterton, Heretics)

El alcohol puede ser bueno si su consumo magnifica la alegría y te ayuda a celebrar y a conectar con otras personas. La virtud de la templanza es la que nos permite consumir todo con moderación y evitar los excesos (CIC 2290). Como decía también Chesterton: “hay que darle gracias a Dios por el alcohol y el vino, no bebiendo mucho de ellos”.

Desde un punto de vista humano

Incluso si se pudiera llegar a consumir una sustancia psicoactiva sin llegar a perder la libertad y sin tener la intención de evadir la realidad, no me parece sabio desde un punto de vista estrictamente humano, y no religioso, fumar marihuana. Hay muchas cosas que no son pecado, y no por eso son recomendables. Tomar un litro de Coca-Cola todos los días no es pecado, y no por eso es sano hacerlo.

Se ha observado la asociación del consumo de Cannabis con mayores riesgos de dependencia, psicosis, manía, anhedonia, depresión, suicidio, reducción de la memoria y una manifestación más temprana de enfermedades psiquiátricas en personas con predisposición. Esto es particularmente preocupante si consideramos que la marihuana es una droga cuyo consumo está en aumento, y la Organización Mundial de la Salud considera que, para el año 2030, la depresión va a estar en el top 3 de causas de carga de enfermedad en el mundo. Además, debido a que en la mayoría de los países sigue siendo ilegal o se ha legalizado recientemente, la mayoría de los estudios tienen una muestra de la población muy pequeña y con poco tiempo de seguimiento. Es posible que en un futuro descubramos que el consumo de la marihuana puede tener efectos similares al del tabaco, otra hierba cuyo humo se introduce en los pulmones tras una combustión.

Conclusión

La respuesta es: sí, sí es pecado mortal consumir cualquier sustancia con la intención de provocarse estados alterados de consciencia y pérdida del control sobre las propias acciones. Sin embargo, más allá de preguntarse si es pecado o no consumir marihuana, alcohol o cualquier otra sustancia, pienso que cabe preguntarse qué es lo que realmente busca la persona que la consume y si verdaderamente está satisfaciendo la sed que la llevó a hacerlo. Personalmente, no creo que la pueda saciar, ya que la única cosa que puede calmar mi sed es un Dios que está igualmente sediento de mí (Jn 19,28).

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