En el principio Dios creó…

Mentirías si afirmaras que no conoces del todo el relato de la creación del Génesis. Estos versos del primer libro de la Biblia son tan famosos que los podemos encontrar en toda la cultura popular. Desde pinturas, hasta series y películas. Sin embargo, los descubrimientos y hallazgos de las ciencias naturales desde los tiempos bíblicos hasta ahora han avanzado muchísimo y han tachado la creación del Génesis como algo erróneo y sin sentido.

No es de extrañar que en nuestra cultura gran parte del conflicto Ciencia-Fe nazca a raíz de interpretaciones de estas primeras 2 páginas de la Biblia. Pero ¿cuál es el verdadero sentido de la creación? ¿Cómo debemos leerla y qué nos quiere decir? ¿Cuál es la ciencia detrás de este relato?

¿Cómo debo leer la Creación?

Muchas de las discusiones que se generan alrededor de la creación se deben siempre a lo mismo: no sabemos leer la Biblia. Y el error número uno que cometemos es olvidar que la Biblia es un texto inspirado por Dios y escrito por autores humanos (CIC 106). Específicamente el Génesis, es un texto que fue escrito en hebreo, por autores judíos en un contexto y una cultura de hace más 3000 años.

No por esto la Biblia carece de sentido y veracidad (claro está), sigue siendo palabra viva (CIC 104) y aplicable aún el día de hoy. Y sin embargo, la discusión gira en torno a este dilema: “si la Biblia es palabra de Dios, la ciencia debería corresponder a esta verdad absoluta”. Es decir, si estas interfieren, pues esto significa que alguna de las 2 debe de estar mal. ¿Cierto? Pues no necesariamente.

Pero para encontrar el verdadero sentido de estos relatos debemos de respetar el sentido literal y contexto cultural en el que fueron escritos por sus autores.

Diferencia con mis vecinos

En general, todo el Génesis pierde una gran parte de su sentido si se aísla de su contexto cultural.

En la comunicación, el lenguaje no son solo palabras sino también cultura. Por ejemplo: la frase de los costarricense “Pura Vida”. Cualquier hispanohablante entenderá la palabra “pura” y la palabra “vida” pero solo alguien dentro de la cultura “tica” podrá entender lo que significa esa tan característica expresión y puede que sea difícil explicárselo con totalidad a algún extranjero.

Por eso mismo, para nuestra cultura occidental del siglo XXI se nos hace muy difícil entender un relato como la creación y aún más entender que  hace 3000 años este relato era un cambio de pensamiento total (CIC 285).

La creación del Génesis hablaba de un solo Dios creando pacíficamente todo lo que conocemos, el cielo, la tierra, las plantas y los animales; y al ser humano como pináculo de toda su creación inclusive descansando al 7mo día. En comparación, las culturas vecinas como Babilonia y Asiria tenían historias del origen de la vida sumamente violentas e involucran gran cantidad de dioses que tenían a los humanos como esclavos (ver Enûma Elish, la historia de origen del pueblo babilónico). Esto nos puede ir ya dando una pista de lo que quería revelar  Dios al pueblo de Israel y como quería distinguirlos del resto (tema recurrente en todo el Antiguo Testamento).

El poema de amor

El Génesis tampoco pretende ser un libro de historia, de física y mucho menos de cosmología y no debería ser interpretado así. El sentido literal de la creación lo podemos ilustrar con la imagen de un poema de amor. Si bien es cierto en un poema de amor no se describe la química cerebral de las hormonas que nos hacen sentir enamorados, no deja de tener peso y significado para “el enamorado”. Y el mensaje que quiere transmitir el autor sobre el amor sigue siendo igual de legítimo, aunque en un sentido literal diferente, que un libro de fisiología humana. No es necesario para el autor de un poema conocer la química del enamoramiento para sentirse enamorado y mucho menos para poder escribir con lenguaje simbólico sobre su sentimiento. De la misma forma que el poema no pretende desacreditar todo los estudios médicos dedicados a las hormonas; el Génesis tampoco pretende dar una explicación fisicoquímica  y cosmológica de la creación.

De hecho tan poco conocimiento tenía esta cultura de las ciencias naturales que se pensaba que la tierra era plana y se encontraba sostenida por pilares que impedían que se hundiera en las aguas que la rodeaban. Pensaban que el cielo era un domo que cubría la tierra del agua que se encontraba sobre él y que cada cierto tiempo se “abrían las ventanas” y un poco de agua caía.

Nuestra ciencia de hoy

Hoy, a diferencia de hace 3000 años conocemos bien nuestro entorno. Gracias a la física, la astronomía, la química y la biología podemos describir con gran detalle científico todo lo que nos rodea.

Gracias a esto en la primera mitad del siglo XX, científicos como Edwin Hubble, George Lemaître y Albert Einstein dieron sus aportes a favor de una teoría que explicaba científicamente el origen del universo: el Big Bang. Al observar con detenimiento, se pudo ver que el universo estaba en constante expansión y los teóricos concluyeron que si veíamos más atrás en el tiempo esta expansión venía de un solo punto: la singularidad.

Para su contexto histórico estos hallazgos eran increíbles. Por primera vez en la historia de la ciencia se hablaba de un “inicio del universo” (como en la Biblia) y hasta el día de hoy es la teoría con mayor popularidad sobre el origen del cosmos.

La Iglesia y el Big Bang

La Iglesia Católica acepta la teoría del Big Bang como el posible proceso querido por Dios para la creación del universo y que acepta que la creación puede ser apreciada desde la razón (CIC 286). Un proceso que no fue infinito sino que tuvo un inicio a partir de Dios (Gen 1:1) y que nos ayuda a conocerlo más y apreciar más su creación (CIC 283).

Sin embargo, el verdadero sentido de esta parte del relato del Génesis no yace en ser comparado con la ciencia ni con las teorías cosmológicas actuales. De hecho al intentar compararlos le quitamos el sentido más hermoso y dañamos su verdadero mensaje. Pero entonces:

¿Cuál es el punto del relato?

El verdadero sentido de estos primeros versículos del Génesis va más allá del contar el origen del universo. Y a través de un lenguaje simbólico Dios nos revela su verdadero mensaje en 4 puntos importantes:

  1. Hay un solo Dios
  2. Dios es el creador de todo
  3. Todo lo que creó Dios es bueno
  4. Todo lo creó Dios por amor

Y alrededor de este último punto gira todo el relato.

Cometemos el error, la mayoría de veces, de querer aislar el relato de la creación en partes, concentrándonos solo en el origen del cosmos o de la vida o de los animales y olvidamos que debe ser visto como parte de una narrativa que va más allá. Una revelación divina en donde el verdadero sentido del relato y la verdadera ciencia del Génesis está detrás del centro de toda la creación: el ser humano. Y de esto hablaremos en la segunda parte…

 

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