En un primer artículo  nos dedicamos a hablar sobre la importancia de leer los primeros capítulos del Génesis con “lentes teológicos” y no desde una posición científica. Vimos cómo la teoría del Big Bang no contradice la doctrina católica y como muchas veces perdemos el verdadero sentido del relato de la creación si lo tomamos como ciencia natural.

Además, es importante recordar que el relato del Génesis no trata sólo del origen del universo y de lo que hay en él, sino más bien, dentro de su sentido más real, trata del origen del hombre. Entonces, ¿qué nos dice la ciencia del origen del hombre? ¿cuál es el sentido del relato de la creación con respecto a este tema?  ¿y hasta donde se contradicen aquí la fe y ciencia? 

La ciencia y la evolución

En 1859, Charles Darwin publicó El origen de las especies, el libro fundamental de la teoría evolutiva. Aunque varias personas, como su abuelo Erasmus Darwin o Jean-Baptiste Lamarck, habían propuesto ya ciertas teorías de la evolución; fue Charles Darwin quien propuso su principio más importante: la selección natural. Con él, explicaba cómo las especies no son inmutables, sino que a lo largo de la historia se han adaptado y han evolucionado gracias a cambios que les ha permitido sobrevivir ante los escasos recursos. Por esta razón, las especies han ido “mejorando” sus capacidades y han ido evolucionando a lo que son el día de hoy. 

 Sin embargo, Charles Darwin no se refirió en su libro al origen del hombre. Fueron científicos posteriores, como Thomas Henry Huxley, y aportaciones como las del monje agustino Gregor Mendel en el campo de la genética, quienes le dieron cada vez más fuerza y popularidad a esta teoría. Además, dieron la oportunidad de articularla con el origen del hombre y el ancestro común con sus “primos” los primates.

Al día de hoy la teoría de la evolución es ampliamente aceptada por la comunidad científica. Sin embargo, existen varias personas que creen que esto no fue así. Los denominados creacionistas afirman que el universo y las especies fueron creadas como lo afirma literalmente el relato del Génesis y rechazan la teoría de la evolución ya que ésta “contradice la forma en la que Dios creó a los animales y al hombre.” Pero ¿qué tanto se contradicen realmente? ¿y qué opina la Iglesia Católica al respecto?

La Iglesia y la evolución

En octubre del 2014, en un discurso a la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias, el Papa Francisco afirmó que ni la teoría del Big Bang, ni la teoría de la evolución contradecían la intervención de Dios como creador, sino que la requerían. La Iglesia Católica no condena ni rechaza la teoría de la evolución como una posible forma en la que se desarrollaron las especies, siempre y cuando se reconozca el papel de Dios como creador de este proceso. En las palabras del Papa: “cuando leemos en el Génesis el relato de la creación, creemos imaginar que Dios es un mago, que con una varita mágica ha hecho todas las cosas. Pero no es así. Él ha creado a los seres y les ha dejado desarrollarse según las leyes internas que dio a cada uno, para que alcancen su propio desarrollo. Dio la autonomía a los seres del universo al mismo tiempo que les aseguraba su continua presencia, dando el ser a toda realidad”.

La Iglesia admite la teoría de la evolución como explicación a este proceso de desarrollo de los organismos, incluido el ser humano. Sin embargo, el humano posee una dimensión superior además de su cuerpo biológico y que por ende no puede ser explicada por la teoría científica. 

Corpore et anima unus 

La persona humana es un ser corporal y espiritual (CIC 362). Esto significa que además de tener nuestro cuerpo biológico tenemos también un alma; no como dos naturalezas aparte sino como una sola: la naturaleza humana (CIC 365). Es por esta razón que, la Iglesia no rechaza la teoría evolutiva como explicación del desarrollo de nuestro componente biológico. Pero añade la importancia de Dios como creador, no solo de este proceso, sino también de nuestro componente espiritual: nuestra alma única, irrepetible y constitutiva de la naturaleza humana. Es por esto que el relato de la creación siendo un relato teológico no pretende responder a la creación corporal del hombre, sino más bien va más allá y habla de su importancia como ser creado a imagen y semejanza de Dios.

¿Cuál es el punto del relato?

Para este punto imaginarás que el relato del Génesis poco tiene que ver con explicar el aspecto biológico del origen del hombre, e imaginarás también que ser creados a imagen de Dios no se refiere a la forma biológica de nuestro cuerpo. El relato del Génesis nos habla de la importancia de la creación del hombre ante los ojos de Dios al haber sido creado a Su imagen y semejanza en el sexto día (Gn 1:24). Esto hace referencia justo a nuestra dimensión espiritual, a nuestra alma y a todas las cualidades que vienen con ella como nuestra razón, nuestra voluntad, nuestra libertad y nuestra capacidad para conocer y amar a Dios (CIC 356).

Es por esto que el principal punto del relato es responder a 3 preguntas importantes en relación a la naturaleza del ser humano:

 

  1.   ¿Por qué nos creó Dios?: Nos creó por un desbordamiento inmenso de amor libre y desinteresado (CIC 1-3), al igual que como lo dijimos en el artículo anterior, Dios lo creó todo por amor.
  2.   ¿Cómo nos creo Dios?: Nos creó a Su imagen. Como dijimos, esto quiere decir que nos creó personas dotadas de espíritu, ésta es la característica que más nos vincula a Dios y nos diferencia del resto de las creaturas. Somos capaces de “conocer y amar a nuestro Creador” (Gaudium et Spes 12,3).
  3.   ¿Para que nos creó Dios?: Nos creó para que seamos eternamente felices, para ser responsables con su creación, para que lo amemos, sirviéndole y agradeciéndole, para que amemos a los demás y nosotros mismos (CIC 358).

Así, vemos como desde las primeras páginas de la Biblia, el Espíritu Santo y los autores bíblicos responden a estas preguntas indispensables. El relato no pretende ser un libro de biología o una teoría científica. El relato es, como lo dijimos en el artículo anterior, un poema de amor de Dios a la humanidad. Una carta de amor diciéndonos que Él ha hecho toda la creación por amor a nosotros y que inclusive nosotros mismos fuimos creados por, para y desde el amor. 

Si te interesa y quieres saber más de este tema existen muchísimas fuentes que te pueden ayudar a entender qué es la persona humana. Te recomiendo la antropología filosófica de autores como Ramón Lucas LC, la teología del cuerpo de Juan Pablo II, documentos como Humanae Vitae, Gaudium et Spes o el Catecismo de la Iglesia Católica (355-384) y el YOUCAT.

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