Este año tuve la oportunidad de viajar un poco más que años anteriores, gracias al trabajo y también de vacaciones. Viajar es como una pequeña aventura. Conoces lugares nuevos, haces nuevos amigos, te adentras en culturas diferentes, te retas a ti mismo a hacer cosas que quizás en tu ciudad no harías (para mi fue todo un reto sentarme a comer sola en restaurantes). Durante algunos viajes, especialmente si vamos por un fin de semana, cae el domingo y ¡hay que atender a misa dominical! Sacamos nuestro teléfono y en Google Maps escribimos “Catholic Church” y a la que esté más cercana, vamos. No puede ser más fácil que eso.

El primero de enero, Solemnidad de María Madre de Dios, estando en una iglesia en el centro de Madison, Wisconsin, no pude evitar agradecerle a Dios por la Iglesia y por la fe, que sin duda alguna es el mejor don que recibimos de Dios. Agradecer ser parte de la verdadera Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica.

Me detuve a pensar en “Una” por un rato: en el año 2018 había tenido la oportunidad de atender a tantas iglesias diferentes, algunas en lugares remotos, en otros países, en grandes ciudades y también a la parroquia cerca de mi casa. Recuerdo agradecerle mucho a Dios por la fe profunda que me ha dado, de ser católica por convicción; pensaba también en lo frustrante que pudiese ser para mi formar parte de alguna otra denominación cristiana donde no podría recibir la Eucaristía, no podría atender al servicio si no estoy cerca de mi casa, de no poder viajar libremente y saber que la misma iglesia a la que voy regularmente, va a estar dondequiera que vaya.

Afortunadamente, todos los católicos compartimos una misma fe bajo una misma Madre que es la Iglesia, donde no importa lo diferente que sea el lugar que estemos visitando, porque hay ciertas cosas que nunca cambian en cualquier iglesia Católica: la liturgia es la misma sin importar el idioma, el altar donde Dios baja a convertirse en un pedacito de pan, la cruz que nos recuerda el sacrificio que Dios hace y sigue haciendo por ti y por mi, alguna imagen de nuestra Madre que siempre nos cuida y alienta, y el Sagrario, donde Jesús nos espera siempre. ¡Qué gracia tan grande es poder estar en cualquier rincón del mundo y que todo permanezca igual que en casa! ¡La Iglesia es UNA y es nuestro hogar!

¿Qué nos dice el Catecismo?

El Catecismo de la Iglesia Católica nos habla sobre esta unidad de la Iglesia, pero quiero destacar los siguientes puntos:

  • 814 La gran riqueza de esta diversidad no se opone a la unidad de la Iglesia.
  • 815 La unidad de la Iglesia peregrina está asegurada por vínculos visibles de comunión:

             — la profesión de una misma fe recibida de los Apóstoles

             — la celebración común del culto divino, sobre todo de los sacramentos

Durante la misa del primero de enero, pensaba en la gran diversidad de personas que van a misa diariamente y que no me doy cuenta. Me imaginé a personas yendo a misa en grandes catedrales y basílicas en las ciudades e igualmente a capillas remotas en pueblos que quizás no salen en los mapas. Reflexionaba en la inmensidad de la Iglesia, en sus casi dos mil años de historia y cómo todos somos llamados a venir a este hogar a recibir las fuerzas que Dios nos quiere dar para nuestro caminar diario. A pesar de que hay culturas diferentes, diferentes idiomas, diferentes vestimentas, diferentes cantos o maneras de entonar las mismas oraciones: el Sacramento es el mismo, Dios es el mismo, ¡la Iglesia es una y es la misma!

Hace tiempo corría un video por las redes sociales donde un sacerdote le preguntaba a un Amazon Echo (Alexa) quién era el fundador de diferentes denominaciones cristianas, y Alexa acertadamente dijo el nombre de los fundadores: Joseph Smith (fundador de los mormones), Martin Lutero (fundador de los luteranos), y John Wesley (fundador de los evangélicos protestantes). En cuanto el sacerdote preguntó quién era el fundador de la Iglesia Católica, Alexa respondió: Jesús. Los católicos formamos parte de la verdadera Iglesia, la Iglesia por la que tantos mártires han derramado y siguen derramando su sangre defendiendo, la Iglesia que como buena madre nos alienta y nos guía a seguir adelante, la Iglesia que es constantemente atacada y se mantiene siempre firme por ser la única Iglesia fundada por Jesucristo, la Iglesia Católica. ¡Estemos siempre orgullosos y agradecidos de ser católicos!

 

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