Ya es octubre y se empieza a ver en la televisión y en los centros comerciales: linternas de calabaza, comerciales de películas de terror, esqueletos en los mostradores y decoración de color anaranjado y negro. A su vez, como cada año, se plantea entre católicos la cuestión de si verdaderamente se debería celebrar esta fecha, siendo que no parece ser una tradición cristiana ni que pertenezca a nuestra cultura en los países hispanohablantes. En Newfire tratamos de analizar este tema desde una perspectiva católica y crítica.

¿Orígenes cristianos o paganos?

La palabra “Halloween” proviene del inglés antiguo “All Hallows’ Eve”, es decir “víspera de todos los santos”. El 1 de noviembre es celebrado en la Iglesia Católica como el día en el que se conmemora a todos los santos, y el 2 de noviembre es el día de todos los difuntos, día en que se reza por las almas del purgatorio. En la Edad Media se fueron formando muchas costumbres alrededor de estas fechas que incluían rendir honor a los difuntos y a los santos, así como se celebra en México y Centroamérica el día de los muertos. Una de estas tradiciones incluía que los niños y los mendigos pasaban por las casas disfrazados de santos pidiendo comida o limosna a cambio de canciones y oraciones por los difuntos. La gente en las casas solía darles un dulce llamado “soul cake”, un pastel redondo con una cruz encima que representaba un alma que salía del purgatorio cada vez que se comía una. Este es un ejemplo de uno de los himnos que se cantaban cuando se pasaban por las casas:

A soul! a soul! a soul-cake!

Please good Missis, a soul-cake!

An apple, a pear, a plum, or a cherry,

Any good thing to make us all merry.

One for Peter, two for Paul

Three for Him who made us all.

A su vez, los druidas en Escocia e Irlanda celebraban el 31 de octubre como el fin del año céltico, que coincidía con la llegada del otoño, el fin de la época de cosechas y el comienzo de la parte oscura del año. En esta época del año, se creía que los espíritus y las hadas regresaban del mundo de los muertos, y que había que ofrecerles comida y bebida para apaciguarlos y tener fortuna. Además, colocaban lápidas y decoración relacionada con la muerte para que estos espíritus no les hicieran daño. Cuando se cristianizaron los pueblos celtas, no abandonaron del todo estas costumbres paganas, sino que las mezclaron con las celebraciones cristianas del Día de Todos los Santos por coincidir las fechas.

Además con el pasar de los años se fueron agregando más tradiciones a estas fechas, como el realizar lámparas con nabos tallados en honor a Jack el Tacaño, un personaje de una leyenda folclórica irlandesa cristiana con matices paganos. Jack era un hombre malo, y una vez el diablo lo estaba persiguiendo. Jack engañó al diablo haciéndolo subir a un árbol, del cual no podía escapar porque Jack había colocado cruces debajo de él. El diablo hizo un trato con Jack: si lo dejaba escapar, podría vivir una vida llena de pecados y nunca entraría al infierno. Jack murió y no podía entrar en el cielo por sus pecados, pero tampoco podía entrar al infierno, así que fue condenado a vagar por el mundo con una lámpara tallada en un nabo que contenía una brasa del infierno que nunca se apaga.

Los inmigrantes irlandeses introdujeron el Halloween en Estados Unidos, en donde se reemplazó al nabo por la calabaza para realizar las Jack-o’-lanterns. Aquí se mezclaron con muchas otras tradiciones de otros inmigrantes europeos y llegó a la forma de Halloween que conocemos hoy.

¿Moda comercial o intención ocultista?

Hoy en día Halloween es la cuarta fiesta en la que más se gasta dinero en Estados Unidos, después de la Navidad, el Thanksgiving y la Pascua. La globalización y las películas han hecho que esta fiesta se haya difundido en nuestros países hispanohablantes y en todo el mundo. En 2016 solo en Estados Unidos se gastaron aproximadamente 8.4 billones de dólares en disfraces, dulces, decoración y cosas relacionadas con el Halloween.

Si bien es cierto que el Halloween se ha hecho una fiesta comercial y que muy poca gente es consciente de sus orígenes, también es cierto que el 31 de octubre ha sido adoptado por muchas sectas, cultos paganos y satánicos como el día del año en el que más se realiza brujería. En varias diócesis del mundo se recomienda a las parroquias tener especial cuidado por el aumento de robos del Santísimo en las iglesias y capillas. Como católicos no podemos ignorar esto y debemos realizar oración de reparación por todos los sacrilegios y la brujería que se comete por estas fechas. Tampoco podemos permitir que por modas se genere un interés en el ocultismo, sino que debemos educarnos y educar a los niños para no caer en estos errores.

¿Qué debemos hacer como católicos?

Obviamente sería incoherente como cristiano hacer algo que explícitamente le dé culto al demonio, a la muerte o a fuerzas demiúrgicas sobrenaturales para tener buena suerte. También sabemos que no es necesario utilizar ningún tipo de amuleto u ofrenda para protegernos de los espíritus malignos, sino que si vivimos siempre apegados a Dios, no hay espíritu maligno que nos pueda hacer daño.

Sin embargo también estamos llamados a “estar en el mundo sin ser del mundo”. Es decir, que estando conscientes del significado pagano de esta festividad y de todo su contexto, tengamos cuidado de no caer en cuestiones esotéricas, pero que al mismo tiempo eso no nos impida poder ir y disfrutar de una fiesta de disfraces como cualquier persona normal.

Todos los padres tienen el derecho de hacer lo que crean mejor por la educación de sus hijos, y si con buena voluntad creen que es mejor no disfrazar a sus hijos en Halloween están en toda la libertad de hacerlo. Esto que proponemos en New Fire es solo una opinión de lo que creemos que es más razonable.

Me parece importante explicarles a los niños las cosas negativas que hay en el Halloween y cómo muchas cosas que propone son contrarias a nuestra religión. Sin embargo, es muy difícil decirle a un niño pequeño que no se puede disfrazar y pedir dulces cuando todos sus amiguitos del vecindario lo van a hacer. Siendo que se ha vuelto más una fiesta comercial y en un contexto relativamente inocente, el niño no lo va a entender y se va a frustrar. Por eso lo que hacen muchos papás católicos es no dejar de celebrar, pero darle un giro más cristiano al asunto. Lo que muchos hacen es celebrar la “víspera de Todos los Santos”, disfrazando a sus niños de santos o de algo que no sea negativo (por ejemplo: disfrazarlos de caballeros y princesas, en lugar de demonios o brujas), y en lugar de amenazar con hacer un “truco” a los vecinos que no quieran dar dulces, agradecen los dulces repartiendo estampitas de santos. Es una manera de recuperar una fiesta que, a fin de cuentas, tiene raíces cristianas, y pienso que es mucho más efectivo que simplemente prohibirle a los niños participar en base al miedo.

Conclusión

Como cristianos estamos llamados a transformar la cultura y traer el mensaje del Evangelio a todas las realidades temporales. Es necesario recuperar estas fechas con el significado que tienen en el marco de nuestra fe. Solo así podremos contrarrestar toda la maldad y la brujería que se comete en el mundo.

 

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