Alguna vez te has preguntado, qué hacemos los Católicos para que nos digan “por eso la gente se va de la Iglesia”? La verdad es que a mi específicamente solo me han gritado esta frase dos veces en un par de discusiones acaloradas.

Haciendo este análisis, me di cuenta que muchas veces el enojo de las personas que deciden abandonar su religión (cualquiera que esta sea) proviene, de una ceguera ante LA Verdad. Verdad que, al menos para la religión Católica, es igual en todos lados. Porque no debe estar basada en lo que opina el cada quien, sino en el Evangelio enseñado por Jesús. Esto lo vivimos de forma tangible con las celebraciones Litúrgicas. Todos los signos que acompañan la vivencia de nuestra fe Católica, se replican en todas las iglesias católicas del mundo, es decir, son universales. Esto significa que las enseñanzas que compartimos provienen de la Biblia, de los 10 Mandamientos y directamente de la tradición transmitida por los apóstoles y los primeros discípulos de Cristo.

Quiero entonces compartir contigo algunos de los argumentos más comunes que puede hayas escuchado en contra del Catolicismo y nuestras tradiciones:

1.- Yo no soy (ni seré) de esos que se la pasan metidos en la Iglesia

Pues tampoco los Católicos. Vamos a misa 1 vez por semana –los Domingos- para celebrar el Sacramento de la Eucaristía y así alimentarnos con dos cosas: a) la palabra de Dios y b) el cuerpo y sangre de Cristo que recibimos en la hostia consagrada, que llamamos “la Comunión”. El catolicismo no se vive (únicamente) en la iglesia, sino “se vive en la vida”, es decir, en el testimonio diario de quien busca imitar a Dios para alcanzar la santidad. Ir a la iglesia una vez por semana es semejante a ir al supermercado cada sábado para surtir tu alacena de lo que necesitas para comer, lavar ropa, limpiar y vivir en tu casa. ¿Por qué es tan difícil dedicar un día a Dios? Al Dios que nos da la vida, la salud, que nos bendice con todos nuestros talentos y capacidades para ser y tener todo lo que necesitamos cada día de nuestra vida.

2.- No me gustan todas las reglas que tienes que seguir

Pues si lo piensas bien solo son 10 mandamientos, el mismo número que tus dedos de las manos. Seguimos mucho más reglas para manejar, en el trabajo, en la escuela con todos los requisitos por cada materia, en nuestra relación de pareja, en la casa … ¿por qué cuesta tanto si son solo 10?

Una recomendación que me sirvió para no verlos como un peso adicional, sino como una forma de vivir en paz, es que más que verlos como reglas, pensara en ellos como las direcciones de un mapa que ayudan a alcanzar tu meta, la entrada al reino celestial. La mayoría no son difíciles de seguir, cosas como honrar a tus padres, no matar, no robar o no mentir son MERA LÓGICA para lograr una convivencia humana saludable. Si seguimos estas señales, no será tan difícil llegar con seguridad al destino de nuestras almas: el cielo.

3.- Para qué ser Católico si todos son súper pecadores

Este es un error muy común en la argumentación, se llama GE-NE-RA-LI-ZAR. Por favor NO PIENSEN que cada vez que ven a un Católico (laico o sacerdote) cometer un pecado, eso significa que mágicamente el resto de los católicos reciben una señal de que tienen permiso también ellos para cometer la misma falta. Además, lamento desmentir su acusación, pero en realidad esto no es de Católicos o protestantes, TODOS somos pecadores independientemente de la profesión de fe que tengamos (Eclesiastés 7, 20 y Proverbios 24, 16).  El pecado es parte de la naturaleza humana, todos tendemos a ser egoístas y desconfiamos de Dios como lo hicieron Adán y Eva. Así que seas Católico, Budista, Musulmán, Cristiano, o ateo… todos en nuestra vida cometemos faltas en contra de Dios y de los demás seres humanos. Esto no es un vicio exclusivo de los que vamos a misa los domingos.

4.- La Iglesia está llena de padrecillos malvados

Puede parecerte cierto, más ahora con todos los escándalos de abuso sexual que se destaparon en Estados Unidos y hace unos años en México. Pero hasta ahora desconocemos la forma de detectar el “índice de maldad” que radica en los corazones de nuestros sacerdotes, el día que alguien encuentre la fórmula de medir la maldad y bondad del corazón humano, seguro se volverá millonario aconsejando a todos en sus relaciones interpersonales.

No porque un sacerdote sea culpable de un delito grave como la pederastia o robar dinero, significa que el resto de los miembros del Clero sean malvados. Si supieras que el CEO de una empresa de telefonía acosa sexualmente a sus asistentes y las insulta, ¿por ese hecho dejarías de hablar por teléfono por el resto de tu vida?  NO, lo denuncias y esperas se le ponga el castigo adecuado de acuerdo a las normas de su empresa y según la ley. Lo lógico no es dejar de usar el medio de comunicación, porque sabemos que es necesario seguir hablando por teléfono para poder trabajar, relacionarte con tus amigos y mantenerte en contacto con tus familiares. Lo mismo pasa con los sacerdotes malvados del mundo entero, se les denuncia, enjuicia y se les prohíbe seguir practicando su sacerdocio, pero no por eso dejamos de ir a misa o de buscar los Sacramentos, pues sabemos que son los medios de nuestra salvación y se nos han dado a través de Jesús.  

5.- Yo practico mi fe cuando realmente “me nace”

Si se siguiera este principio para todo lo que hacemos, algunos nunca saldríamos de nuestras camas cada mañana. Tendríamos montones de mamás que no darían de comer a sus hijos, maestros que no enseñarían nada en clase, alumnos que solo hacen la tarea cuando están de buen humor, padres de familia que no van a trabajar porque no amanecieron con ganas… pero así no es el amor. Tener fe en Dios implica conocerle y al tener una relación con Él, vamos descubriendo que no hay nada en nuestra vida que no le debamos. Su amor es inagotable y su misericordia siempre nos espera con los brazos abiertos. Desde el momento de la creación hasta el día que su hijo entregó la vida por nosotros en la Cruz, no ha habido un momento en que a Él no le “nazca” cuidarnos. Así que ese criterio de hacer las cosas por sentimentalismos que van y vienen, no es la respuesta de un amor maduro y sólido. ¿No sientes ese amor por Dios? Pues invierte tiempo en tu relación con Él, como lo harás con la persona con la que te cases, como lo haces con tus padres durante toda tu vida, como lo harás por tus hijos… el corazón no puede amar lo que no conoce.

En conclusión, hay excusas de sobra para creer que estamos justificados cuando decidimos pasar por alto el amor de Dios que se nos entrega de forma real por medio de los Sacramentos que se administran en la Iglesia Católica. Si tú te alejaste por que te dieron una mala respuesta, te trataron “feo” o te hicieron sentir poco importante en tu comunidad, te daré el mismo consejo que me dio un sacerdote muy sabio en confesión un día: “antes de ofenderte por cómo se comportan los demás a tu alrededor piensa en cómo trataron a Jesús –que es el Hijo de Dios-. Imita la actitud que tuvo ÉL desde la Cruz. En vez de condenar, señalar y mandar a todos al infierno, intercedió por ellos ante su Padre diciendo <<perdónalos, porque no saben lo que hacen>>. Recuerda que no es tu labor ni la mía decidir quien entra al cielo, eso le toca al Dueño de la creación.

Si te gustó el artículo, regálanos un comentario y comparte con tus amigos que sabes se han alejado por alguna de estas razones de la Iglesia. Invita a los demás a conocer a Dios y trata de hacerlo con delicadeza, mostrando comprensión e interés por la salvación de su alma. También es útil estar informado, conocer tu fe para poder dar una explicación a todos los que preguntes sobre las razones que mantienen viva tu esperanza (1 Pedro, 3, 15).

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