Recientemente en México se llevaron a cabo elecciones presidenciales, en un ambiente político que tuvo como particularidad la mayor participación de ciudadanos que emitieron su voto para escoger a los que gobernarían el país en el siguiente periodo.  El cansancio y hastío del pueblo mexicano provocó, que durante estas elecciones, cambiara su postura para elegir a sus gobernantes. El pueblo que votó a favor del nuevo partido tiene la esperanza de una transformación, tanto política, como social y económica. Se espera que el presidente electo pueda cambiar las cosas en un país devastado por la desigualdad, pero, ¿realmente es posible? ¿Y qué tiene que ver esto con una vida cristiana? ¿Podemos permanecer indiferentes a la vida política del lugar donde vivimos?

Ser cristiano y también ciudadano

Parecería que la vida cotidiana social es ajena a una mirada cristiana, que la Iglesia Católica solamente se ocupa de las cuestiones espirituales. Ciertamente desde una perspectiva jerárquica fue hasta el siglo XIX, cuando el pontífice León XIII escribió Rerum novarum, cuando se comienza a acuñar el término “Doctrinal Social de la Iglesia”, como respuesta al nacimiento y la consolidación de la era industrial en Europa central. Otro momento fue a mediados del siglo XX, con el Concilio Vaticano II, el cual reafirmó que la misión es nuclear en la Iglesia, involucrando a todos sus miembros, haciendo de los laicos fermento de la sociedad y testigos de Dios en medio del mundo. Esto supondría un cambio radical en nuestra vida, esta postura tiene más puntos en común con las primeras comunidades cristianas que con la Iglesia cristiana que se fue construyendo posteriormente y a la que tanto ha costado renunciar, posturas que son ajenas a la enseñanza de Cristo y el modo de vivir coherente y  en caridad de muchos creyentes.

Las primeras comunidades cristianas como referentes de la vida social

Durante el ministerio y anuncio de la Buena Nueva de Jesús se acercó un grupo de fariseos, quienes le preguntaron si era lícito pagar tributo al César, Jesús respondió, -Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. (Mt 22, 15-22). Esta cita bíblica ha sido utilizada e interpretada de varias formas, una de las más recurrentes es que la Iglesia y el Estado (asuntos espirituales y civiles) están separados. Como si fueran antagónicos el uno con el otro. Es claro que Jesús nos muestra dos realidades, la social y la vida religiosa, a cada una le da su valor y no pide que se desestime ninguna.

Coherencia en la vida de fe y la vida social

Resulta bastante cómodo tener una postura coherente con nuestra fe dentro de los límites parroquiales, con aquellos que piensan igual que nosotros. Lo complicado es mantenerse frente a la sociedad donde los valores que anteponen son contrarios a la comunidad cristiana. Recordemos qué le pasó a san Juan Bautista. Él se oponía tajantemente a la relación entre Herodes y la mujer de su hermano Filipo. La postura coherente hasta el último momento hizo que el Juan perdiera la vida.

Hoy en día, es poco probable que perdamos la vida por defender y mantener nuestra postura coherente con la fe cristiana. En la actualidad diversos gobiernos han implementado leyes que van en contra de la dignidad humana, es justo que no nos callemos, que alcemos la voz, que defendamos la vida, la dignidad, el amor; claro está que no puede ser solamente con el discurso, la coherencia entre este y la acciones son fundamental.

La Regla de Vida de los hermanos franciscanos seglares dice: “-…dedíquense asiduamente a la lectura del Evangelio, y pasen del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio” (Art. 4)  De esta manera se puede resumir el conducir cristiano, primeramente conociendo cuál es el camino que ha marcado Cristo como forma de vida y luego vivirlo en la cotidianidad.

Democracia con esencia cristiana

La forma en la cual escogemos nuestros gobernantes es por medio del voto de los ciudadanos. En México, a partir de los 18 años se tiene la responsabilidad social de elegir a los gobernantes y así mismo la oportunidad de ser votado. Es decir, el ciudadano es un actor político activo en todo momento y no solo en las elecciones. El capítulo IV de la Constitución Gaudium et spes del Concilio Vaticano II reza sobre la participación responsable en la política de los cristianos:

“Todos los fieles cristianos, en la comunidad política, deben sentir su vocación especial y propia, con la que deben dar ejemplo en cuanto a que están obligados por la conciencia de su deber y sirven al cultivo del bien común, de modo que demuestren con hechos cómo se armonizan la autoridad con la libertad…”

¿Qué hacer más allá de las elecciones?

Diversos panoramas políticos y sociales son los que se han hecho con la victoria del candidato de izquierda en México, desde aquellos optimistas, catastróficos, y hasta ilusorios.

Como cristianos, por nuestra propia naturaleza estamos llamados a ser buenos ciudadanos, para esto propongo estos diversos puntos:

  •         Una mejor sociedad se construye desde las pequeñas acciones, comienza en casa y con tu vecindario.
  •         No participes en actividades de corrupción.
  •         Sé tolerante, escucha y respeta, dejando clara tu postura con caridad.
  •         Consciente de la dignidad y valor de toda persona defiende la vida.
  •         Realiza un apostolado personal y en comunidad.
  •         Exige la coherencia en los políticos electos con la coherencia en tu vida como ciudadano cristiano.

Finalmente debe existir un panorama de esperanza. Esperanza en mejorar las condiciones  actuales, esperanza en la construcción de una sociedad equitativa, esperanza en una vida consciente y activa políticamente. Porque si bien no somos de este mundo, sí vivimos en él.

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