Cuando algo en las redes sociales se hace viral, vemos cómo miles de personas se unen a un “challenge” o se atreven a probar una app, y comienza un efecto dominó que en ocasiones puede durar días o semanas. En esta oportunidad me refiero a la aplicación FaceApp. Una aplicación que muchos han probado para descubrir cómo se verían en versión hombre o mujer, con barba o bigote, o con el pelo de otro color, obteniendo resultados muy reales.

Lo creas o no, es un tiempo -considerable- invertido en interactuar con esta aplicación para conseguir un resultado final, y pensando en esto vi que los minutos pasan muy rápido y sin darme cuenta, he estado en las redes o en el internet una gran cantidad de tiempo.

Quiero darte como ejemplo lo que me pasa actualmente en este tiempo previo a la Semana Santa llamado: Cuaresma. Aunque comenzó hace unas semanas… siento que ¡se ha ido volando! pero no quiero que termine sin antes cuestionarme: ¿Qué cambios he notado en mí para que mi imagen sea semejante a la de Cristo?

Es una realidad que no cuento con una aplicación para saber cómo me vería si mi rostro reflejara a nuestro Creador,  pero no es una semejanza física de la cual nos habla Dios en el Génesis.

“Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar. las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó”. Gn 1,26-27

“Imagen” y “semejanza” (v.26) muestran la gran cercanía del hombre con Dios. En todo ser humano se hace visible Dios. Esto constituye nuestra dignidad y nuestro valor.

El hombre tiene un alma espiritual, es persona. Es imagen de Dios porque es capaz de conocerle y amarle. P. Clemente Gonzalez

Sin embargo el hombre nace con una imagen deformada por el pecado original pero con la oportunidad de dejar de ser un hombre “viejo” con imagen deformada para que nazca el hombre “nuevo”, que no se logra con “FaceApp” sino con algo llamado conversión.

El pecado es la elección inferior al amor, es la falta a la razón y a la verdad. Pero mientras haya vida, hay perdón y en la vida espiritual todo se puede reparar por medio del sacramento de la confesión.

Según un artículo de ACI Prensa sobre la Cuaresma:

Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

En este proceso de conversión tenemos la oportunidad de “reparar” eso que no hemos estado haciendo bien y podemos alcanzarlo con las actitudes cristianas que nos invita la Iglesia a vivir. Para ser más específica y ayudarte a definir estas actitudes, te dejo 3 herramientas que me han servido para poner en práctica mi proceso de reparación y que además la Iglesia recomienda ampliamente durante este tiempo cuaresmal:

Actitud personal: ayuno

El ayuno puede ser tanto físico como espiritual, no es cuestión de una “dieta” alimenticia que mejorará tu salud física pero sí una que fortalecerá tu espíritu.  Tampoco significa que dejarás de alimentarte por hacer ayuno, pero sí puedes basarte en la abnegación interior (espiritual) o en la abstinencia de ciertas cosas (físico) que te ayuden a crecer personalmente.

Actitud con el prójimo: limosna

Puede ayudarte de manera concreta, hacerte la pregunta: ¿Qué puedo dar de mí a los demás?, respondiendo a ella podrás cambiar algunas actitudes que a lo mejor has estado teniendo los últimos días con la persona con la que compartes en el trabajo, en tu casa o aquella que te cruzas en la calle. Lo más importante es que logres identificar eso que no edifica y buscar la manera de construir con tus palabras y acciones.

Actitud con Dios: oración

En esta actitud tienes la oportunidad de poder olvidarte de ti para agradar a Dios para que todo lo que hagas le dé Gloria a Él. Es una actitud donde dejas a un lado tus propios intereses y tu único centro es Cristo, es una oración de intimidad para pedir perdón.

 

 

 

 

 

Si no hay un FaceApp para ser mejor cristiano y comprobar nuestras semejanzas con Cristo, date prisa en poner en práctica estas actitudes. La Cuaresma aún no termina, busca transformar tu rostro y veamos qué tanto logramos parecernos a Él.

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