Una tarde haciendo un poco de research respecto a temas relacionados con el marketing, me encontré un estudio respecto a cómo hoy en día los hombres y mujeres utilizan cada vez más los emojis en sus publicaciones en redes sociales.

En este estudio hay datos súper buenos y que a todo experto o curioso del marketing le llamarían la atención… pero lo que realmente despertó mi curiosidad después de haberlo leído y dado vueltas fue el preguntarme: ¿Dejé de utilizar palabras para comunicarme con emojis?

Emisor, receptor, mensaje…

Todos hemos escuchado o aprendido de las reglas de la comunicación y sus elementos; y sabemos que existen 3 elementos claves: emisor, receptor y el mensaje.

Si analizamos cómo se comunicaban algunos años atrás y cómo lo hacemos hoy en día, estos tres elementos han sobrevivido a lo largo del tiempo. Lo que sí ha variado es la forma de hacerlo. Antes, nuestros abuelitos necesitaban encontrarse en alguna plaza o en algún café para conversar.

Mi generación era de la que para hablar con sus amigas por la tarde necesitaba saberse de memoria el número de teléfono de la persona a la que iba a llamar y pues los más jóvenes simplemente necesitan conocer el nombre de usuario del otro.

En fin… siempre va a existir alguien que quiera emitir un mensaje y alguien que pueda recibirlo; pero al final este artículo no busca ser una clase de comunicación y mucho menos de tecnología.

Las tías en el whatsapp

Todos tenemos un grupo de whatsapp de la familia y en todos existe la típica tía o abuelita que cada día manda cadenas de oración, mensajes de buenos días, el evangelio del día o algún video inspiracional.

Seguro eres de los que tiene la mayoría de los grupos silenciados, yo sí porque sino me volvería loca… pero también te ha pasado que en algún grupo alguien pone un mensaje pidiendo oración por un familiar enfermo, un problema económico, etc… y la mayoría de las respuestas son:

¿Qué ha pasado con las palabras?

Hemos resumido nuestra forma de comunicarnos en diferentes emojis… incluso, hemos evolucionado un poco y ahora los GIFs o los memes expresan de manera perfecta lo que queremos expresar. Pero,  ¿es esto cierto?

No quiero concluir o afirmar que nos hemos desensibilizado por utilizar emojis, GIFs o memes… pero sí hemos restado importancia a las palabras que utilizamos. ¿Por qué? Porque incluso muchas veces ni siquiera hemos leído el mensaje completo de ese amigo que pide ayuda por algo, pero al ver la respuesta de todos, simplemente buscamos un emoji que de alguna respuesta similar.

Cuando nos enfrentamos a la vida real

¿No les ha pasado que pueden pasar horas hablando con alguien por whatsapp o por mensaje directo de alguna red social y cuando quedan para verse en persona, no hay tema de conversación? A mi, sí… y creo que esto viene dado porque nos da miedo enfrentarnos cara a cara a esa persona, que vea nuestras verdaderas reacciones y que vea qué es lo que se esconde detrás de un GIFs.

Y qué con Dios…

Incluso, me atrevería a decir que por eso nos cuesta tanto rezar, encontrarnos con Dios o permanecer un rato en silencio en alguna Iglesia. Porque estamos acostumbrados a responder con algo sencillo y cuando estamos solos delante de Dios en alguna Iglesia o incluso en nuestra propia casa haciendo un poco de oración no podemos responderle simplemente con:

¿Tengo que borrar los GIFs de mi vida?

¡NO! No se trata de hacer como hizo Instagram de la noche a la mañana de eliminar el formato GIFs de nuestras vidas… se trata de entender que detrás de cada mensaje que alguien nos envía, hay una persona real; que sufre, ríe, llora. Esta espera la misma atención que a nosotros nos gustaría recibir.

No busques simplificar todo, no busques lo inmediato. Busca darle un verdadero sentido a cada uno de tus mensajes porque realmente no sabes si aunque simplemente estés enviando un corazón a alguien, esa es la única muestra de cariño que tendrá en su día.

Te invito a que cada día puedas conversar más con tus amigos, familiares, compañeros de trabajo; y no limites tu comunicación simplemente a una red social o a un teléfono inteligente. La tecnología es buena, muy buena, siempre que le demos un buen uso y no dejemos que nos convierta en una persona detrás de una pantalla y otra en la vida real.

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