¿Tú sabes qué pasa con los sacerdotes que niegan la comunión a las parejas que divorciaron y se vuelven a casar? Puede parecer que la Iglesia no está de acuerdo que existan parejas que buscan la felicidad, sea con su primer o segundo esposo, o bien, con el novio del momento. ¿Pero te has puesto a investigar la razón por la que se niega el Cuerpo de Cristo a esas personas? YO SÍ y te quiero compartir lo que encontré.   

Mi curiosidad se despertó con el escándalo que revoloteó los medios de comunicación sobre la exhortación apostólica Amoris Laetitia que el Papa Francisco publicó en 2016. Antes de decepcionarte quiero aclararte algo, en este texto no vas a encontrar las nuevas reglas de la Iglesia Católica con respecto al divorcio, porque lamento decirte que aunque muchos anunciaron: “El Papa decretó que ahora se permite dar la comunión a los divorciados vueltos a casar”, la realidad es que eso NUNCA PASÓ.

Dios quiere que seamos felices

¡Correcto! Todas las personas venimos a este mundo para amar y a través de ello, encontrar la felicidad. Y si tú eres de los que cree que nunca es tarde para construir tu propio final feliz, entonces seguro no te será fácil comprender por qué le llaman matrimonio “irregular” a una unión que surge después del primer matrimonio celebrado bajo el rito Católico.

Para efectos prácticos quiero aclarar que esto de llamar las uniones “irregulares” surge porque una ó 2 personas que han prometido amor por el resto de sus vidas, deciden romper el vínculo para unirse con otra pareja. Recordemos que una de las características del Sacramento del Matrimonio es que es INDISOLUBLE, es decir no podemos romper el vínculo, sabemos que “lo que ha unido Dios, que no lo separe el hombre” (Mc 10, 9). OJO. Esto no significa que si eres miserable en tu matrimonio y vives algún tipo de violencia te tengas que aguantar solo porque prometiste amar a alguien por el resto de tu vida; en esos casos es necesario buscar ayuda urgente. Más bien nos referimos al vínculo que proviene de la una entrega total, que permite convertirse en “una sola carne” (Mt 19, 6) a través del Sacramento. 

¿Qué dijo el Papa entonces?

El capítulo octavo de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, “La alegría del amor”, causó mucha controversia en los medios de comunicación porque sugerían que de la noche a la mañana el Papa había tomado las normas y tradiciones, que tardaron miles de años para consolidarse, y las había tirado a la basura para dar la orden que ahora se reciban con brazos abiertos a todos los divorciados que antes no eran aceptados en sus comunidades.  

Pero si lo piensas bien, ¿es que en tu parroquia sacan a patadas a las parejas que viven en una situación irregular? NO amigo mío, ¡ESO NO SUCEDE! Durante todo el año los sacerdotes celebran bautizos de niños cuyos papás no están casados. Se han creado comunidades para apoyar a madres solteras. Se invita a parejas que viven juntas a retiros para que consideren el sacramento del matrimonio. Y los padres que yo conozco, aconsejan a las parejas con situaciones irregulares, que estudien la posibilidad de la nulidad matrimonial, cuando las circunstancias así lo permiten.

Si conoces a sacerdotes o personas involucradas en tu parroquia que no se muestran empáticos con parejas que buscan pertenecer a la comunidad o encontrar la gracia de Dios, te invito a que les hagas referencia a Amoris Laetitia y recuérdales el Evangelio de San Lucas (15, 7) ¨habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por 99 justos que no necesitan conversión.¨ Muchas veces se empieza el proceso de conversión cuando alguien te muestra un poco del amor misericordioso de Dios.  

Recomendaciones del Papa para los Pastores

¿Entonces qué dijo el Papa? Te comparto mi resumen de lo que afirma y pidió el sucesor de Pedro a los pastores y laicos sobre parejas divorciadas vueltas a casar:

 

  • Acompañar: “con atención y cuidado a sus hijos más frágiles, marcados por el amor herido y extraviado” (No.291) Usando como referencia esa imagen visual del hospital de campaña, que se coloca donde están los enfermos de gravedad que requieren atención urgente.
  • Corregir con paciencia: esto no significa que tomamos una “«gradualidad de la ley», sino una gradualidad en el ejercicio […] en sujetos que no están en condiciones, sea de comprender, de valorar o de practicar plenamente las exigencias objetivas de la ley.” (N.230) Eso significa que no podemos ir dando bofetadas con la Biblia en mano a todos aquellos que creemos pecadores.
  • Donde hay un divorcio, hubo dolor: “un reciente divorcio, con todas las consecuencias de sufrimiento y de confusión que afectan a los hijos y a familias enteras” (N.298) No es cosa fácil sobrellevar una ruptura de pareja y familiar, las comunidades parroquiales deberían acoger con empatía a estas personas que provienen de un proyecto de vida desquebrajado.
  • Evitar mensajes equivocados: “como la idea de que algún sacerdote puede conceder rápidamente «excepciones», o de que existen personas que pueden obtener privilegios sacramentales a cambio de favores.” (N. 236)  Y también el documento cita: “de ninguna manera la Iglesia debe renunciar a proponer el ideal pleno del matrimonio” (N.307)
  • Cada historia es diferente: “La imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos, los afectos desordenados y otros factores psíquicos o sociales” (cfr CIC N.1735)
  • No perder de vista el ideal: “Comprender las situaciones excepcionales nunca implica ocultar la luz del ideal más pleno ni proponer menos que lo que Jesús ofrece al ser humano.” (N.307)  El matrimonio Católico está llamado a la grandeza, a asemejar el amor trinitario y que existan casos que no lo logran, no significa que no se puede alcanzar.  
  • Todos están invitados: “a los fieles que están viviendo situaciones complejas, a que se acerquen con confianza a conversar con sus pastores o con laicos que viven entregados al Señor. No siempre encontrarán en ellos una confirmación de sus propias ideas o deseos, pero seguramente recibirán una luz que les permita comprender mejor lo que les sucede y podrán descubrir un camino de maduración personal.” (N.312)

Como ves, no es que la Iglesia rechace que la sociedad está cambiando y que hay muchas realidades de familia. Sino que no estamos dispuestos a bajar el ideal de lo que el mismo Cristo nos ha confiado. Le llamamos Sacramento porque es SAGRADO, porque confiamos en que no solo son 2 personas tratando de vivir juntos hasta que la muerte los separe, sino que también Dios provee con gracia y bendición cuando una pareja se ha unido porque busca un amor fiel y fecundo, abierto a la vida.

Un mensaje poderoso

Sobre lo que toca a las parroquias:

«Respecto a un enfoque pastoral dirigido a las personas que han contraído matrimonio civil, que son divorciados y vueltos a casar, o que simplemente conviven, compete a la Iglesia revelarles la divina pedagogía de la gracia en sus vidas y ayudarles a alcanzar la plenitud del designio que Dios tiene para ellos».

Darle la comunión a los divorciados vueltos a casar, sería como si al enfermo le queremos meter el medicamento a la boca sin antes haber escuchado sus síntomas y proponer un diagnóstico con base en los hechos de su padecimiento real. Dar la solución sin antes escuchar lo que realmente aflige a una pareja, no servirá a largo plazo.

Si alguien que conoces se encuentra en esta situación y por el hecho de no poder recibir la comunión, se ha alejado de la Iglesia, valdría la pena preguntarle la causa por la que le ofende el hecho de ser privado de la Eucaristía. Si es por vergüenza al escándalo o por un sentido de injusticia al querer reclamar algo que merece… entonces la invitaría a reflexionar que el regalo de estar en Comunión con Dios no es algo que nos pertenece y que podemos reclamar; así como tampoco debería avergonzarnos el saber que estamos siendo prevenidos de una ofensa más grave al acercarnos a la fila de comunión sabiendo que nuestra alma no se encuentra lista para estar en presencia de lo más Sagrado que es Dios.

¿Este tema te metió curiosidad? Entonces te invito a leer el libro: Acompañar, Discernir, Integrar. Vademécum para una nueva pastoral familiar a partir de la exhortación Amoris Laetitia. Déjanos tus comentarios si estás en contra, a favor o no sabes bien qué pensar respecto a este tema. ¡No lo olvides, estamos aquí para acompañarte en el camino de la fe!

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