Al principio…

Seguramente era muy típico que cuando eran novios te preguntaran: ¿y para cuándo es la boda? Y luego de casados no te dan ni un año y ya te están preguntando: ¿y para cuándo encargan? o ¿para cuándo los hijos?.

Como te he comentado en otros artículos es fundamental que un matrimonio esté abierto a la vida, pero eso no significa que no puedan espaciar los embarazos de forma natural, (lo cual es posible), si existiesen razones válidas como: adaptarse un poco a la nueva vida de casados, falta de empleo o quizás por no contar con un espacio físico adecuado, etc. Obviamente no son razones válidas para espaciar los embarazos cosas superficiales como que ya no podremos salir a bailar con la misma frecuencia, o si tenemos más de dos ya no podremos viajar como lo hacemos,  no quiero engordar, entre otras cosas, tienen que ser razones realmente válidas.

Una vez decididos…

Seguramente conoces muchos casos de matrimonios que estando abiertos a la vida, al momento de buscar un bebé, éste, no llega. Al principio no pasa nada, pero luego de varios meses empieza la angustia y las preguntas sobre ¿qué estará pasando que no salimos embarazados?.

Y ¿si no llegan?

Sin duda alguna los hijos son una gran alegría para el matrimonio, pero no olvidemos que se trata de un don de Dios, un regalo y no un derecho adquirido con el matrimonio. ¿Por qué te digo esto? Porque cuando entendemos que es un regalo de Dios y no un derecho adquirido, la actitud con la que abordamos la situación es diferente.

Lamentablemente muchos piensan que los hijos son indispensables para garantizar la permanencia y la felicidad de la familia sin embargo como lo señala el Papa Juan Pablo II   en su EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO incluso cuando la procreación no es posible, no por esto pierde su valor la vida conyugal.

Detectar el problema

Teniendo esto claro y si ven que luego de una año de búsqueda, que los bebés no llegan, podrán acudir a los médicos con la intención de evaluarse y saber si hay algún problema de salud que pueda ser tratado para lograr el embarazo; lo que hay que buscar primeramente, es cuál es la causa que está afectando nuestra fertilidad, e indagar en las soluciones para sanar el problema y no enfocarse tanto en el embarazo como tal, sino en la salud de ambos. Pueden ser temas hormonales, físicos o emocionales que seguramente podrán ser tratados en su raíz.

Es muy probable que los centros de salud te quieran presentar como soluciones inmediatas o como las únicas soluciones posibles, los métodos de fertilización asistida; obviamente para estos centros es más interesante desde el punto de vista económico realizar estos tratamientos, que suelen dejar muchas más ganancias tanto para los centros de salud como para la industria farmacéutica, que indicar otras alternativas mucho más económicas y menos invasivas, es por ello que deben estar atentos para resolver de la forma más apropiada el problema sin dejarse llevar por las tendencias de la industria.

Y si no hay solución…

Efectivamente un matrimonio debe ser fecundo, de hecho es uno de sus fines, pero la fecundidad no solo es biológica, muchos pueden ser fecundos sin haber podido concebir un hijo como es mi caso. Mi esposo y yo no hemos podido tener hijos biológicos por problemas físicos de ambos, y los médicos obviamente nos indicaron que acudiéramos a los métodos de fertilización asistida, con los cuales no estuvimos de acuerdo por diferentes razones: éticas, morales, físicas y emocionales; pero eso no significa que nuestro amor y nuestro matrimonio no haya sido o no sea fecundo. Dios nos ha diseñado para trascender con nuestro amor y por eso nos hemos dedicado a diferentes obras de servicio que nos permiten lograr la fecundidad inscrita en nuestros corazones desde el día de nuestra boda.

En la misma exhortación San Juan Pablo II continúa diciendo que:

“la esterilidad física, en efecto, puede dar ocasión a los esposos para otros servicios importantes a la vida de la persona humana, como por ejemplo la adopción, la diversas formas de obras educativas, la ayuda a otras familias, a los niños pobres o minusválidos.”

La adopción…

La posibilidad de adoptar, es un gran acto de amor y un medio de fecundidad hermoso si la intención es dar amor y no simplemente una forma de satisfacer un deseo o un patrón social;  ya que en ese caso sería utilizar a un niño para complacer ese deseo; pero si efectivamente se trata de querer ser fecundos y dar amor,  hay muchos niños que necesitan del calor de un hogar y que por diferentes motivos se les ha privado de tenerlo, aún cuando ellos sí tienen el derecho a tenerlo. Un acto de amor como este, puede transformar la vida de muchas personas.

Tal es el caso de Steve Jobs, sus padres, dos estudiantes universitarios sin medios materiales para mantenerlo, entregaron al pequeño Steve en adopción al matrimonio formado por Paul y Clara Jobs. Algo similar ocurrió con Nelson Mandela, quien también fue adoptado.  Es maravilloso dar la oportunidad a un ser que ya existe de tener un hogar, o tal vez, ayudar a instituciones que se dedican al cuidado de niños en estado de abandono o riesgo. Lo importante aquí es que se lo planteen como una posibilidad, que le pregunten a Dios por medio de la oración, cuál es el plan que Él tiene para tu familia, de seguro Él les dará una respuesta.

Finalmente…

En fin, si los bebés no llegan, no se ha terminado tu matrimonio, ni queda truncada la posibilidad de ser fecundos, es una oportunidad de descubrir nuevas formas de trascender como familia; es cuestión de mirar a tu alrededor y ver dónde puedes transmitir ese amor que desborda de su unión esponsal.

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