El Papa Francisco convocó este año la primera Jornada Mundial de la Pobreza e invitó a todos los cristianos a participar activamente en favor de los pobres, una invitación realizada con particularidad durante ese día pero que se extiende a todos los días del año.

La pobreza está muy presente en el corazón y en las palabras que el Papa Francisco dirige a la Iglesia. Constantemente está invitando a los fieles a reconocer, amar y ayudar a los pobres. Como cristianos nos enfrentamos a la pobreza de dos modos, la pobreza material y la pobreza de aquellos que están lejos de Dios.

La pobreza Material

La pobreza de aquellas personas que carecen de bienes materiales no puede ser ajena a nosotros. Estas personas son nuestros hermanos al ser criaturas amadas por Dios y en virtud de la adopción del Padre que hemos recibido en Cristo. Por esto la Iglesia y muy particularmente el Papa Francisco tienen una predilección por los pobres.

Nuestra respuesta ante este tipo de pobreza debe ser de alivio y de remedio, es decir, debemos ayudar a estas personas a recibir la próxima comida o a tener el abrigo necesario para el frío (alivio), y por otro lado buscar un soluciones reales de modo que estas personas puedan salir de la pobreza y valerse por sí mismas (remedio). El alivio es más urgente y por esto se hace necesario, pero a largo plazo es más importante aportar soluciones de raíz que ayuden  a estas personas a dejar de depender de la caridad de los demás.

La pobreza Espiritual

Aquí ya no hablo de la virtud de la pobreza, sino de la condición de carencia de bienes espirituales como el conocimiento, la virtud, cercanía de Dios o incluso del cariño humano. El hombre no es solo su cuerpo sino también su alma y así como pueden existir carencias materiales también existen las carencias a nivel espiritual. Antes mencioné cómo el alivio para la pobreza material es más urgente pero el remedio es más importante, del mismo modo las soluciones a la pobreza material son más urgentes pero las soluciones a la pobreza espiritual son más importantes.

La educación, la amistad y el amor son infinitamente más valiosas que una comida o que grandes sumas de dinero, pero quien está pensando cómo va a sobrevivir durante el día no se encuentra en disposición para formarse intelectual o espiritualmente. Tampoco podemos procurar cubrir una y olvidar la otra, el hombre tiene necesidad de sustentarse y de conocer la verdad y debemos intentar darle ambas.

Lo que nos recomienda la Iglesia

La Iglesia es madre porque está llamada a proveer para sus hijos, darles el sustento necesario y educarlos para que puedan ser independientes, amarlos con ternura y enseñarles a amar a los demás, darles a conocer a Dios y mostrarles el camino para llegar a la santidad, no se olvida que sus hijos son hechos de carne y hueso pero tampoco se olvida de que el hombre solo puede saciarse en Dios.

Si queremos saber cómo ayudar a aquellos que tengan carencias ya sea del cuerpo o del espíritu podemos fijarnos en las obras de misericordia. La Iglesia, con sus conocimiento de las Sagradas Escrituras y con sus años de experiencia ha logrado desarrollar este par de listas que indican lo que podemos hacer para cubrir todas las carencias que puede tener el ser humano.

Obras de Misericordia Corporales:

  • Visitar a los enfermos
  • Dar de comer al hambriento
  • Dar de beber al sediento
  • Dar posada al peregrino
  • Vestir al desnudo
  • Visitar a los presos
  • Enterrar a los difuntos

Obras de misericordia Espirituales:

  • Enseñar al que no sabe
  • Dar buen consejo al que lo necesita
  • Corregir al que se equivoca
  • Perdonar al que nos ofende
  • Consolar al triste
  • Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
  • Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos

Estas son dos listas que en teoría están separadas pero que en realidad van unidas. Una visita a la cárcel debe venir con consuelo, un entierro debe ir acompañado de oraciones y un plato de comida debe llevar un poco de alimento para alma, solo así podremos estar atendiendo al hombre en su integridad.

Siempre de Corazón

El mandamiento nuevo que Cristo nos dió es que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado (Jn 13, 34). Las obras de caridad no han de ser obligaciones que tengamos que cumplir sino que deben brotar de un auténtico interés por nuestros hermanos. Una acción “caritativa” que no nos comprometa y que incluso no nos cueste es muy difícil que sea hecha con auténtico amor cristiano.

No hagamos lo mínimo para calmar nuestra conciencia, sino hagamos por los demás lo que nuestro amor por ellos nos pide, asi nos cueste un poco. El amor que Cristo nos tiene lo llevó a entregar su vida ¿Podemos amar a los demás como Cristo nos ha amado? Dios no nos pide tal sacrificio sino solo a pocos, pero si nos pide que pongamos a lo demás antes que a nosotros mismos de vez en cuando, que sepamos compadecernos y que nos esforcemos por dar un pequeño consuelo a los demás.

No importa qué tan pequeño sea nuestro acto de amor, si no lo hiciéramos, sería un acto de amor menos en el mundo, como dijo Santa Teresa de Calcuta:

“A veces sentimos que lo que hacemos es una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”.

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