Cuando una familia se prepara para la llegada de un nuevo bebé existen muchos preparativos, pero es típico de los latinos que además de organizar el ya famoso “baby shower”, también empecemos a planear el Bautismo con mucho tiempo de anticipación. Pero, ¿por qué no dar la oportunidad a que los niños decidan qué religión quieren practicar luego de que crezcan? La Iglesia Católica propone el Bautismo de infantes como el mejor regalo que podemos dar a un ser humano que acaba de hacer su entrada a este mundo porque reconoce los dones que acompañan al Sacramento.   

¿Cómo saber que vale la pena bautizar a los bebés? A mí me resultó fácil de entender cuando hace unas semanas empecé a recibir regalos y muestras de afecto de las familias de mi parroquia, aún cuando no nos conocen mí y a mi esposo, pero lo hacen porque están felices de saber que estamos esperando la llegada de nuestra primogénita. Entre tantos regalos me pregunté si realmente merecía estas muestras de generosidad y encontré una oportunidad para reflexionar en la gracia de Dios que nos llega sin merecerla a través de los Sacramentos. Por eso les quiero compartir estas 5 cosas que aprendí sobre el Bautismo y que me convencieron de llevar a mi pequeña cuanto antes a hacerse hija de Dios.

Porque cualquiera puede ser bautizado

El Bautismo es para todos. Quien desee recibirlo puede hacerlo porque hoy, al igual que en el siglo primero, la Iglesia Católica abre sus brazos y da la bienvenida a todos los que quieren ser hijos adoptivos de Dios siguiendo la misión que Jesús encomendó a sus discípulos: “Id pues y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,…” (Mt 28, 19)

El Catecismo de la Iglesia Católica lo dice claramente:

“Es capaz de recibir el Bautismo todo ser humano, aún no bautizado […]” #1246

Porque nos abre las puertas del cielo

A través de los siglos se ha llegado a comprender que sin este signo por el cual se hace visible la gracia de Dios, es imposible alcanzar la vida eterna. La tradición de la iglesia reconoce este primer Sacramento como Vitae Spiritualis Ianua – la puerta a la vida espiritual. Gracias al Bautismo tenemos acceso al cielo nuevamente, no porque el agua sea poderosa o el crisma funcione como por arte de magia, sino porque través de la inmersión en el agua participamos de la misma experiencia de Jesús que re-emerge de la muerte para vivir eternamente en el cielo con su Padre después de su resurrección.

El Catecismo lo pone en estas palabras:

“Es el nacimiento del agua y del Espíritu sin el cual nadie puede entrar en el Reino de Dios”  #1215

Esto no significa que los católicos tenemos el derecho de ir por ahí condenando a quienes no son bautizados y señalándolos como “NO hijos de Dios”. Más bien nuestra misión es la misma que la de los apóstoles, ir y predicar con el ejemplo para que otros deseen ser bautizados.  

Porque nos da medios para vivir la gracia

Con el Bautismo nos hacemos parte de la Iglesia que Jesús mismo fundó en Pedro “tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18); y con ello obtenemos acceso a la vida de gracia. Esto significa que no solo nuestras almas obtienen el perdón del pecado original y un sello indeleble que nos hace criaturas nuevas, nos convierte en “ungidos” al igual que Jesús -el christós– y nos incorpora a la Iglesia; sino que también nos permite ejercitar una sana rutina de bienestar interno con los medios dispuestos por nue stro Salvador para alcanzar a cruzar las puertas del cielo.

Pensémoslo así, ya que con el Bautismo nacemos y nuestro espíritu obtiene la posibilidad de la vida eterna, tenemos después la responsabilidad de alimentarlo, con el Pan de Vida –la Eucaristía-. Confirmamos esta fe que nuestros padres y padrinos atestiguaron un día por nosotros al alcanzar edad de razón (pasados los 7 años). Obtenemos también la posibilidad de limpiarnos cada que sea necesario, como cuando necesitamos un buen baño para quitarnos toda la mugre de encima después de entrenar al aire libre ¿cómo?, con el Sacramento de la Confesión. Si enfermamos o nos debilitamos, tenemos la Unción de los enfermos para reanimar el alma. Y finalmente obtenemos una misión cuando aceptamos nuestro llamado, ya sea a la vida Matrimonial o al Orden Sacerdotal.

Se nos abren un mundo de posibilidades para alcanzar las gracias del cielo una vez que nos incorporamos a la Iglesia y empezamos a ejercitar el alma con la obtención de los Sacramentos.

Porque es el mejor regalo que un padre puede dar a un hijo

Y digo regalo porque es meramente un don, de verdad si lo pensamos bien nadie merece todos los efectos que el Bautismo trae consigo. Usaré las palabras de San Gregorio Nacianceno para explicar la maravilla de este regalazo:

“…es el más bello y magnífico de los dones de Dios […] Don, porque es conferido a los que no aportan nada; Gracia, porque es dado incluso a culpables; […]” CCC #1216

Si sabemos que el Bautismo es este precioso regalo que Dios da a los hombres para restablecer el canal de gracia que se había perdido con el pecado original y nos hace hijos adoptivos de Dios, ¿cómo no pedir lo mismo para nuestros hijos al verlos nacer?

Sí, antes las personas se bautizaban de adultas porque conocían el  mensaje del Evangelio ya que estaban en la etapa madura de su vida, PERO en Hechos de los Apóstoles San Pedro explica “Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para perdón de vuestros pecados y para que recibáis el don del Espíritu Santo. La promesa es para vosotros y para vuestros hijos (Hch 6, 36-37)

Esto significa que ya desde inicios de la vida Cristiana, se bautizaban familias enteras. Lo lógico sería que ya que una generación ha vivido como seguidores de Cristo, quieran también que su descendencia reciba los mismos dones y tenga la posibilidad de entrar al cielo desde el comienzo de su vida aquí en la tierra.

Porque nos transforma en criaturas nuevas

Esto puede resultar difícil de creer porque después de llevar a un bebé a su Bautismo no pareciera que es distinto o que tiene algún súper poder. Pero la realidad es que el hecho de recibir este Sacramento nos transforma y con el transcurso de los años, deberíamos notar que por la gracia recibida un día de bebés, podemos ahora unirnos al mismo Hijo de Dios que se entregó, dio su vida por nosotros y nos espera con los brazos abiertos en el cielo.

Aquí les comparto este resumen de los efectos del Sacramento en nuestra alma para que, quienes tengan hijos se motiven a llevarlos a bautizar, en caso de no haberlo hecho ya.

Recuerden, este sacramento lo puede recibir cualquiera que lo desee y si tienen dudas sobre si dejar que sus bebés decidan cuando sean maduros, o quieren esperar un par de años a que se sientan más cómodos de ir a la Iglesia como familia, o prefieren no enrollarse con temas de religión, siempre pueden ir a platicar todas estas inquietudes con un sacerdote. Ellos son como esos discípulos que Jesús manda día con día a ayudar para hacernos seguidores suyos.

 

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