Antes de comenzar, quiero aclarar que este artículo se basará únicamente en lo que nos enseña la Biblia y el Catecismo acerca de los ángeles. No se tomarán en cuenta revelaciones privadas, libros y otros catecismos locales o individuales. Esto, con el fin de enseñar únicamente lo que es dogma y no entrar en otros ámbitos que aún no han sido del todo aprobados por la Iglesia o que no cuentan con suficiente luz por parte del Magisterio para ser presentados con total certeza y claridad.

Para comenzar

Primero, debemos aclarar que la existencia de los ángeles es una verdad de fe. Esto quiere decir que la Iglesia nos invita a creer de forma segura y confiable que los ángeles sí existen.

Desde muy temprano en la Biblia, desde el Génesis para ser exactos, se habla de los ángeles. Muchos otros libros los mencionan: Éxodo, Deuteronomio, Jueces, Job, Salmos etc. En algunos, cómo Tobías, se mencionan con nombre propio (esto lo veremos más adelante). Incluso Jesús se refiere a ellos cuando dice: “En verdad, en verdad os digo que veréis abrirse el cielo y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre” (Jn 1, 51). Los evangelistas continúan hablando de los ángeles en diversos pasajes y más adelante, en los Hechos de los Apóstoles y San Pablo también los mencionan.

Los ángeles, en todo su ser, son servidores y mensajeros de Dios. Contemplando “constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18, 10). Contrario al ser humano, que es un ser físico y espiritual, los ángeles son seres puramente espirituales. 

Inmortales, como el alma humana, y personales. Seres dotados de una gran inteligencia y voluntad. El libro del Deuteronomio nos dice que su resplandor es testimonio de su gloria, superando así en perfección a cualquier criatura visible. 

¿Qué hacen los ángeles?

La Iglesia se beneficia constantemente de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles. A lo largo de toda la historia de la salvación se encuentran anunciándola y sirviendo para que se realice. Por citar algunos ejemplos, “cierran el paraíso terrenal (Gn 3, 24), protegen a Lot (Gn 19), salvan a Agar y a su hijo (Gn 21, 17), detienen la mano de Abraham (Gn 22, 11), la ley es comunicada por su ministerio (Hch 7,53), conducen el pueblo de Dios (Ex 23, 20-23), anuncian nacimientos (Jc 13) y vocaciones (Jc 6, 11-24; Is 6, 6), asisten a los profetas (1 R 19, 5)” entre muchas otras cosas.

Una de las actuaciones más importantes, o tal vez la más importante, es cuando el ángel Gabriel anuncia a María el nacimiento de Jesús, momento que recuerda la Iglesia a diario durante el rezo del Angelus.

Durante la vida de Jesús los ángeles están constantemente sirviéndolo. Van a alabarlo cuando está recién nacido (Lc 2, 14), protegen su infancia (Mt 1, 20; 2, 13.19), le sirven en el desierto (Mc 1, 12) (Mt 4, 11), lo reconfortan en la agonía  (Lc 22, 43), incluso están a su disposición cuando pudo enviar a un ejército a que lo liberara (Mt 26, 53).

En la segunda venida de Cristo estarán presentes y a su servicio como nos muestra Mt 13, 41; 25, 31 y Lc 12, 8-9.

Resulta increíble pensar que nosotros, desde el comienzo de nuestra vida hasta nuestra muerte, contamos con la custodia e intercesión de ellos. Los Salmos 34 y 91, al igual que el libro de Job y Zacarías nos enseñan esto. San Basilio Magno, por su parte, nos recuerda lo siguiente: “Nadie podrá negar que cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducir su vida” (Magno, 363).

 Los tres ángeles con nombre

“El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel” – San Agustín (de Hipona, 400). 

La Biblia habla de tres ángeles con nombre propio:

San Miguel arcángel, quien desterró a Lucifer del Cielo (Ap 12, 7), pero también aparece anteriormente en el libro de Daniel y en el de Judit. Su nombre Mica-El significa “¿quién como Dios?”, una pregunta retórica que dividiría a los ángeles de los demonios por la libre elección de escoger servir a Dios.

San Gabriel, quien anunció a María la encarnación (Lc 1, 19). Su nombre Gabri-El significa “mi poder es Dios” o “Poder de Dios”. Una forma de dar conclusión a la creación mostrando que la Encarnación es el punto culminante, el “signo supremo del Dios omnipotente”. (Juan Pablo II, 1986).

San Rafael, quien acompaña a Tobías durante su camino Tob 12, 15. Su nombre Rafa-El significa “Dios cura”, mostrándonos cómo Dios siempre cuida de nosotros enviándonos custodios y protectores a velar por nosotros.

La Sagrada Escritura se refiere a los ángeles utilizando apelativos colectivos: Serafines, Querubines, Tronos, Potestades, Dominaciones, Principado, y los autores antiguos, al igual que la Liturgia, hablan de coros angélicos al igual que parece crear una distinción entre Ángeles y Arcángeles. Y parecen ser agrupados en sociedades y subdivididos en órdenes y grados, de acuerdo con su nivel de perfección. Pero no es mucho lo que podríamos decir al respecto sin entrar a especular y, tal como dije al comienzo, es justamente esto lo que quiero evitar.

Conclusión

La existencia de los ángeles es un dogma, una verdad de fe que la Iglesia nos invita a creer sin error alguno. Su intercesión, protección y custodia, han acompañado a la humanidad desde el comienzo y continúa aún hoy en día. Podemos pedir su compañía, guía e intercesión sin olvidar que toda la Gloria es siempre para Dios.

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