Parece increíble pero en pocos meses nuestra vida ha cambiado. El mundo ha sido revolcado por algo tan pequeño como un virus. Más allá de números, noticias, memes y alarmas, el coronavirus me ha llevado a hacer un alto en el camino y a replantearme muchas cosas.

Comparto algunas preguntas y lecciones que el COVID 19 me ha ido dejando.

¿Qué puedo yo controlar en mi vida?

Todos mis planes, mis expectativas, mis objetivos de trabajo, han sido puestos entre paréntesis. Ni siquiera algo tan anhelado y esperado como mi ordenación sacerdotal está asegurada. Y al igual que yo, el mundo entero parece estar en ”stand by”.

 Hay un dicho que dice que “si quieres hacer reir a Dios, cuéntale tus planes”.

Y quizá esta sea la primera lección: mi vida, está en las manos de Dios y debo dejarme romper los esquemas y  vivir el presente, pues es lo único que tengo.  No tengo el control absoluto ni de mi salud, ni de la de los demás. No puedo programar al milímetro mi futuro sin dejar un margen para la confianza en la acción de Dios

¿Qué es lo esencial en mi vida?

Observando tanta gente encerrada en su casa, y yo en la mía, me he preguntado ¿qué poseo, qué necesito y qué es lo que realmente me puede hacer feliz?

Quizá hoy la gente no pueda salir a muchos sitios y haya cambiado su estilo de vida por unos días o semanas: bares cerrados, centros comerciales, tiendas, discotecas, estadios, etc.  Ni siquiera la oferta de televisión e Internet parece tan atractiva.Todo esto nos lleva a buscar lo esencial: Dios, familia y yo mismo. Quizá así, me doy cuenta de que muchas cosas sobran, o al menos no son esenciales.

Y esta es la segunda lección:  no tengo que ir muy lejos para encontrar lo importante en mi vida y debo invertir mi tiempo en lo que realmente importa.

¿Somos todos iguales?

Vivimos en un mundo de apariencias y a veces parece que vales por lo que haces, posees o publicas. Sin embargo, el Coronavirus parece que nos pone a todos en la misma línea. Se puede enfermar el presidente y el mendigo, el abuelo y el niño, Cristiano Ronaldo y el señor que vende pañuelos en el semáforo. Aquí no cuentan los millones, los títulos, los likes, ni la marca de tu ropa.Cantantes, artistas, modelos, deportistas, todos tienen un cuerpo, sienten temor y son tan vulnerables como yo.

Y esta es la tercera lección: toda persona tiene la misma dignidad y debo tratarla por lo que es y no por lo que hace, aparenta o publica.

¿Personas o cosas?

Ahora que estamos un poco más encerrados, podemos estar llenos de objetos en nuestras casas, pero ¿qué pasaría si no puedes dar un beso a tu madre, un abrazo a tu mejor amigo, ni volver a jugar con tu sobrinita? Somos seres relacionales, y solo las personas pueden llenar parte de ese enorme vacío que hay en nuestro interior.

Y esta es la cuarta lección: las cosas y planes pueden esperar, la película, el partido de fútbol, el Whatsapp, también…tu abuelo y tus padres son inaplazables, ¡corre a darles un beso!

¿Cuál es mi seguridad?

El COVID-19, se ha llevado a mucha gente y muchos otros, que nos creemos valientes, nos ha puesto a pensar y a tomar precauciones.

Quizá nos hemos acostumbrado a vivir, y a estar bien de salud, pero ni siquiera eso lo tenemos asegurado. Sin entrar en pánico es bueno recordar que somos vulnerables, que no somos superhéroes y que necesitamos ayudar y ser ayudados.

Y esta es la quinta lección: valora tu vida, valora tu salud y ten la humildad de decirle a Dios: “Gracias por lo que tengo y lo que soy”.

¿Y dónde está Dios?

Iglesias cerradas, sacerdotes menos disponibles, sacramentos más escasos. Quizá nos hemos también habituado a tener Iglesias a la mano, abiertas, y sacerdotes listos para atendernos, darnos la comunión y confesarnos.Esto también es un don, quizá poco valorado. Acordarse de Dios solo en los momentos de dificultad, suele ser una tendencia común. Ahora que quizás no tengo tantos medios a la mano, es la oportunidad para tomar la iniciativa y buscar desinteresadamente a ese Dios que tanto me persigue.

Y esta es la última lección: no te acostumbres a los medios que Dios te ofrece. Búscalos, valóralos y dale gracias a Dios por estar siempre llamando a tu puerta.

El mundo ha cambiado ¿y yo? En medio de la tristeza profunda y preocupación, puede haber una buena noticia en forma de lecciones: estás vivo, Dios sigue llamando a tu puerta, puedes redescubrir lo esencial en tu vida y valorar a cada persona como un don de Dios. En fin, puedes escribir un nuevo capítulo en tu vida: “El Coronavirus y yo ”.

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