-Creo en Dios, pero no en la Iglesia.

-“Dios está en todos lados.. Además, yo soy feliz así”

Muchos hemos pensado esto: ¿Para qué necesito a Dios y a las normas de la Iglesia? Y si no es tu caso… seguro tienes algún amigo que te menciona esto constantemente.

Este diálogo es de lo más común. Si aplicamos la lógica que Dios es toda bondad y su Hijo Jesús nos prometió que “estaría con nosotros hasta el fin del mundo” (Mt, 28, 20), entonces no hay nada de qué preocuparse. Tú solo di todas las mañanas “Dios me bendiga” y haces la señal de la cruz, y vas a ver que sientes que Él te acompaña. Digo si quieres más seguridad le rezas al ángel de la guarda, le llevas un listón a San Charbel, te amarras un trozo de hilo rojo a la muñeca y por si las dudas, le cuelgas una pata de conejo al espejo retrovisor de tu auto junto con el rosario de la Virgencita. ¿No te suena familiar?

¿Pero por qué sí creer en Dios y no en su obra? Parece que es porque un ser divino superior resuelve mucho de lo que no podemos explicar:

  • La inmensidad del universo
  • El milagro de la vida
  • La diversidad de organismos vivos
  • El problema de las enfermedades sin cura

Mientras que la Iglesia pareciera que implica hacer muchos rituales y seguir costumbres enfadosas como:

  • Ir a misa cada domingo
  • Ayunar unos días al año
  • Confesarse con un sacerdote (que seguro es igual de pecador que yo)
  • Tomar clases para saber leer y entender lo que dice la Biblia
  • Hacer un esfuerzo por no romper los mandamientos
  • Creer y practicar cosas extremas como: ama a tu enemigo, da de lo que tienes a los pobres, perdona a quien te lastime, etc.

Así que cualquiera con el más mínimo grado de sentido común preferiría limitar su relación espiritual con Dios y no enrollarse con las obligaciones de la Iglesia. Pero la parte que no te cuentan es que al privarte de las obligaciones también te quedas sin los derechos. La decisión de alejarse del camino que Jesús dejó  implicará también separarse de su gracia.

Considerando que eres joven y capaz de tomar tus propias decisiones, de asumir las consecuencias y enfrentar la realidad… te pido que no veas esto como amenaza, por favor no lo tomes así, es más bien un toque de realidad y una invitación a que consideres tu camino espiritual.

A la par del amor de Dios se encuentra también su justicia. Esto no me lo inventé para tratar de convencerte, sino que en repetidas ocasiones Jesús mismo nos lo recuerda, tan sólo veamos algunos ejemplos en el Evangelio de San Mateo:

  • “Todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, se parecerá al hombre insensato que edificó su casa sobre arena…” (Mt 7, 26)
  • “Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición…” (Mt 7, 13)
  • “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia. […] Bienaventurados los limpios de corazón […] los que trabajan la paz”. (Mt 5, 6. 8 -9)
  • “Pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha, vengan benditos de mi padre…” (Mt 25, 33)

La llegada al cielo y la vida eterna se le promete a aquellos que se esfuerzan por pasar a través de la puerta angosta, a los que buscan la justicia, la paz y que sabiamente siguen las palabras de Jesús.

Una vez más usemos la lógica, ¿tú dejarías entrar a tu fiesta de cumpleaños a unos desconocidos que no sabes de dónde salieron? Al banquete celestial también se llega con invitación y la mejor parte es que TODOS ESTAMOS INVITADOS. La posibilidad de ser felices, saciar nuestros anhelos y llegar al cielo está disponible para cada uno de nosotros.

Jesús llamó al cobrador de impuestos, a la prostituta, a los pescadores sin educación y también a San Pablo que era perseguidor de cristianos. Las personas que conformaron el grupo de discípulos eran completamente diferentes. De antecedentes llenos de fallas y de caminos sin rumbo.

Hoy leíste este artículo tal vez porque eres una persona que piensa así “Dios está bien pero la Iglesia no”, OK es válido. Pero te aseguro que puedes encontrar mayor plenitud si acompañas tu relación con Dios de todas las herramientas y apoyos que la Iglesia ha instituido a lo largo de los años.

Es cierto que el Papa es sucesor directo de San Pedro, de eso se puede corroborar históricamente, también es cierto que tenemos el ejemplo de miles de Santos que nos han dejado sus diarios y biografías para explicar cómo se llega a la vida eterna y más que nada estar cerca de la Iglesia implica tener el poder de los sacramentos.

Ir a misa, confesarse, hacer tu primera comunión o confirmación, te ayuda a mejorar el estado de tu alma. La gracia transforma, no me preguntes qué se siente o si visiblemente me veo diferente, pero la paz que me entra al comulgar en misa,  la tranquilidad que me da saber que mis pecados son perdonados y que siempre puedo acudir a las muchas herramientas que tengo para hacer oración, hace que mi vida sea mejor.

Si no me crees te reto a que hagas la prueba, no de 1 domingo y nada más. Sino que te atrevas a hacer una rutina espiritual saludable con oración, alguna lectura de la biografía de un santo, actividades caritativas en un lugar donde necesiten de tu ayuda,… todo al final suma y provoca un sentimiento de satisfacción que, por lo menos yo, no he encontrado en el ejercicio, las novelas románticas o el consumo excesivo de contenido en redes sociales.

¡NO LO OLVIDES! Tú también estás invitado/a y segura estoy de que si respondes al llamado, no te arrepentirás. Si necesitas ayuda para empezar puedes consultar los siguientes artículos:

¿Cuál es tu plan?

Fuerzas que te mueven: tips básicos de motivación

-Soy católico light

 

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