Hoy en día las redes sociales son de vital importancia para todos nosotros. Nos hemos convertido en la generación de la inmediatez. Todo lo queremos rápido y sencillo; creo que eso se lo debemos a la tecnología y con ello a la redes sociales.

Si quiero saber qué están haciendo mis amigos, puedo entrar en su perfil de Facebook o ver la última foto publicada en Instagram. Tal vez corra con suerte y alguno de ellos publique un story en Instagram o suba un video en Snapchat. Incluso, muchos se han acostumbrado a publicar en sus estados cómo se sienten respecto a algo; hemos limitado las relaciones a un Like, Share, Replay, entre otros. Todos hablamos de Snapchat, Instagram, Facebook, Twitter, Pinterest…pero, ¿y Tinder?

¡Hasta el amor lo hemos limitado a esa inmediatez! Y muchos dirán: “no entro en Tinder buscando amor” y es ahí cuando puedo asegurarte que aunque busquen un “one night stand”, buscan.

Creo que no hace falta explicarles a profundidad cómo funciona esta red social que está cambiando la forma de relacionarnos, pero para aquellos que no la conocen, ahí les va.

Es muy sencillo, te creas un perfil (que puede estar asociado al tuyo de Facebook) seleccionas una foto de perfil y otras fotos en donde aparezcas, colocas tu edad, sexo, qué buscas (hombre o mujer) y otras cosas que no vienen al caso en este artículo. ¿Cómo funciona? ¡MUY FÁCIL! Te va mostrando personas que podrían interesarte o que tienes cerca y si te gustan deslizas su foto a la derecha para darles “like” y si no te llama la atención deslizas a la izquierda para decir “paso”. Y la única forma que puedes comunicarte con esta otra persona, es si esta te da like de vuelta: ¡Voilá! Si eso sucede, ocurre un “match”.

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¿Es un pecado utilizar Tinder?

¡No! Es importante que no “satanicemos” a la tecnología. No podemos decir que una herramienta como esta en sí misma es pecado. El problema está en cómo se utiliza.

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He conocido muy buenas parejas que se han conocido a través de Tinder. Pero ¿cómo?, porque no lo utilizaban para degradar al amor. Decía San Josemaría Escrivá: “La castidad – la de cada uno en su estado: soltero, casado, viudo, sacerdote- es una triunfante afirmación del amor.”

Amar, significa buscar la felicidad del otro por encima de la propia. Cuando le das like y esperas un match para ver en dónde se encuentran y ver en qué termina la noche, no estás buscando la felicidad del otro, buscas tu propia felicidad, tu propio placer. Pero en el fondo, lo único que anhelas es ser amado…

 

La inmediatez vs el sacrificio

Lo de querer todo aquí y ahora se da en todos los aspectos de nuestra vida, desde las cosas más sencillas hasta las más elaboradas. Por ejemplo: en la época de nuestros papás (no vayamos tan lejos) cuando un matrimonio no podía salir en estado, seguía intentando hasta que lograban o no traer un hijo al mundo. Hoy en día una pareja que está buscando un hijo antes del año acude a su médico para una inseminación. Nuestro abuelos estaban acostumbrados a cultivar sus propias verduras… nosotros simplemente vamos al súper.

Scott Hahn en su libro Lo primero es el Amor, afirma:

Adán no estuvo dispuesto a dar su vida, por amor a Dios, ni por salvar la vida de su amada. Esa negativa a sacrificarse fue el pecado original de Adán. Lo cometió antes de haber probado el fruto, antes incluso que Eva lo hubiera probado.

La falta de sacrificio es lo que nos trae viviendo un amor pasajero, un amor inmediato, un amor que sólo busca el bien propio.

¿Puedo ser católico y buscar pareja en Tinder?

¡Sí! Solo recuerda que lo que fácil llega, fácil se va. No quiere decir que no servirá y que habrás perdido tu tiempo… no. Pero también tienes que saber que la mayoría de las personas en dicha plataforma no desean ir al cine, de fiesta o ver una película. Buscan el aquí y el ahora.

 

¿Y si no quiero compromiso?

Si tu excusa es no querer compromiso, te invito a pensar qué es el verdadero amor para ti. Si partimos de ese concepto que hablábamos al principio de buscar hacer feliz al otro, esto no es realmente compatible con querer evitar el compromiso.

Un amor “sin compromiso” no es verdadero amor, de hecho, no es amor en lo absoluto. No podemos amar algo con lo que no queremos que estar comprometidos en ningún aspecto.

Muchos hablan que el amor más que acciones, son decisiones. Cuando decides amar a alguien, todo tu ser se orienta en el otro. ¡Ama! No tengas miedo a amar de verdad, no tengas miedo a profundizar en las relaciones con los otros. Rompe con esa inmediatez a la que nos ha acostumbrado el mundo… busca establecer relaciones duraderas y en donde tu único fin sea siempre buscar el bien de los demás.