Siempre me ha maravillado ver a los bebés recién nacidos. Últimamente he tenido la gracia de disfrutar de fotos y videos de pequeñitos que han llegado al mundo dentro de mi familia y entre mis amigas. Pienso que un hijo es una bendición grandísima que trae consigo alegrías incontables para cualquier pareja que decide acoger una nueva vida dentro de la sociedad.

Siendo una mujer recién casada, sueño con el día en que pueda dar a mis papás y a mi hermana la noticia que dentro de mí hay una personita en proceso de evolución y crecimiento. Lamentablemente me he percatado que con la diversidad de ideologías y situaciones que hoy se nos presentan, las parejas no siempre están dispuestos a cooperar con la llegada de la vida a este mundo.

Estando en lugares públicos escucho como varias mujeres se preguntan entre sí sobre “cómo cuidarse” de que el embarazo suceda: ¿Usas pastillas? ¿Te funcionan los parches? ¿Acaso te hiciste cirugía? Pero pienso que el embarazo no debería darnos miedo, no es el equivalente a: “tu vida se terminó”, sino que podemos pensar que gracias a unos esposos puede ¡EMPEZAR UNA NUEVA VIDA!
Ya que me puse a investigar más seriamente sobre el método de planificación familiar que seguiríamos mi esposo y yo, descubrí que existen opciones que no requieren poner en riesgo nuestra salud, alterar el sistema hormonal femenino o someterse a cirugías para organizar el calendario familiar de acuerdo a las posibilidades de nuestro hogar. Como resultado de esta búsqueda les comparto los siguientes vínculos sobre:

Ahora bien, ¿qué nos enseña la Iglesia sobre las relaciones sexuales y su finalidad dentro del sacramento del matrimonio? Dentro de los muchos documentos que se han escrito destinados a este tema, el Papa Pablo IV en su encíclica Humanae Vitae nos dice que el amor conyugal posee cuatro características que lo hacen pleno: humano, total, fiel y fecundo (cf. n 9).

Humano
Es decir, cargado de todo lo que nos caracteriza como personas. Entre esas cualidades encontramos la libertad, la voluntad, nuestras emociones, la capacidad de afrontar dificultades y sobre todo ese llamado, a la vocación de vivir en comunidad, de ser una sola carne.

Total
La habilidad de compartirlo todo, no tanto pensando en lo que se planea recibir sino en la alegría de poder darse uno mismo como el mejor regalo para el otro.

Fiel
Se refiere a la relación exclusiva que tendrán los esposos hasta que la  muerte los separe. Constantes en la lucha por prevalecer en el amor, conscientes de que encontrarán en ese estilo de vida su felicidad.

Fecundo
El amor que hay entre esposos no puede quedarse en ellos mismos sino que está destinados a engendrar nueva vida y a mantener la fe viva entre los hijos que surjan como fruto de su amor.

 

Entonces, si el amor de un hombre y una mujer tienen todas estas características, ¿no será que la entrega de ambos también puede reflejar las mismas cualidades?

Imaginen un encuentro sexual con su esposo(a) donde se reconozca su dignidad, que sea una entrega plena de todo su ser, donde reaviven la promesa de ser fieles para siempre y estén abiertos a la posibilidad de dar la bienvenida a un bebé que brote de ese amor vivo que existe entre ustedes. ¿No suena como un buen plan?
Claro, no dejemos de lado el compromiso y dedicación que implica ser padres. Sé que en eso de la paternidad se sufre lo mismo que se goza.  Les comparto un comercial que se transmitió en Argentina donde captan muy bien los primeros pasos  de la paternidad:

Sea que todavía sigas soltero, que ya estés comprometido, o que vayas por el tercer hijo. Vale la pena recordar las fuerzas que unen un matrimonio y la vocación importantísima que le toca a la familia. Recuerda que somos la única oportunidad que tienen las futuras generaciones de llegar a impactar nuestro mundo. Piensa en cuánto bien y cuánto amor puedes aportar para la construcción de una civilización más humana y justa.

Para finalizar cito a uno de mis autores favoritos Livio Melina, quien en su libro Por una Cultura de la Familia, el lenguaje del amor, nos recuerda: “Solo sobre la base del matrimonio puede construirse una familia, capaz de custodiar el amor y la vida, abierta a contribuir en la edificación de una sociedad digna del hombre, que responda a las exigencias de una civilización del amor.”  (p. 209)

Por favor dejen sus comentarios sobre este pequeño conjunto de ideas que brotaron al pensar en la alegría que trae consigo el engendrar vida. Espero puedan colaborar al esfuerzo para seguir aclarando con fe y razón lo que traemos en el corazón.

 

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