Acabamos de celebrar los 100 años de las apariciones de la Virgen María en Fátima. Es una gran alegría que el Papa haya ido y celebrado esta gran fiesta allí, además que haya canonizado a dos de los pastorcitos, Francisco y Jacinta. Dos nuevos santos que interceden por nosotros en el cielo. ¡Son los santos más jóvenes que no han sido mártires!

Uno de los grandes mensajes de Fátima es la invitación a rezar el santo Rosario. Algunas veces me he encontrado cierta resistencia de parte, sobre todo, de jóvenes hacia este tipo de oración. Muchos de ellos me dicen que prefieren otra forma oración, pero que eso de estar repitiendo siempre lo mismo por 15 minutos no les va. Quien piensa así tiene algo de razón, pues si uno lo ve meramente así (repetir oraciones por 15 minutos) y no está acostumbrado, puede ser que le aburra.

Sor Lucía, una de las pastorcitas decía al respecto:

“Cuando los enamorados se encuentran, pasan horas seguidas repitiendo la misma cosa: “¡Te amo!” Lo que les falta a los que hallan la oración del Rosario monótona es Amor; y todo lo que no está hecho por amor no tiene valor”.

Tal vez cuando nos aburrimos en el Rosario podemos poner algo de ese amor a nuestra Madre del cielo.

La Virgen María se apareció a los pastorcitos seis veces, según nos contó sor Lucía. Y cada vez que se aparecía les hacía referencia a esta gran oración del Rosario. Desde la primera vez que se apareció les dijo: “Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra.”

Una invitación de los Papas

La Iglesia siempre ha fomentado esta oración:

  • El Papa León XIII el 1 de septiembre de 1883, promulgó la Encíclica Supremi apostolatus officio.
  • San Juan XXIII escribió una  carta apostólica llamada Il religioso convegno del 29 septiembre 1961.
  • Pablo VI publicó en la Exhortación apostólica Marialis cultus publicada el 2 de febrero de 1974.
  • Juan Pablo II el 16 de octubre de 2002 nos ofreció la Encíclica Rosarium Virginis Mariae (worth to read), en la cual añadió los misterios Luminosos.

Además de estos textos oficiales, que quedan para la posteridad, los sumos Pontífices no han dejado de motivarnos a tomar el Rosario en nuestras manos y meditar con María en esos grandes misterios de la vida de Jesús.

El que esta oración sea tan recomendada por tantos Papas y Santos, y confirmada por las apariciones de María, es una invitación a retomar esta oración que tal vez rezábamos de pequeños. La oración que une a la familia.

Un poco de historia

El Rosario fue desarrollándose como oración desde hace más de diez siglos. Es una oración que tiene orígenes humildes y tal vez por esta razón la Virgen la ha elegido como predilecta. Los que no tenían la posibilidad de rezar como hacían los monjes, los 150 salmos al día, rezaban las 150 avemarías. Era llamado el “Salterio de la Virgen”. Fueron los dominicos quienes difundieron esta oración en sus misiones por el mundo al ir predicando.

En la batalla de Lepanto, se enfrentó la flota del del imperio otomano (musulmán) contra la coalición de la Liga Santa (católicos). El ejército cristiano liderado por Juan de Austria, venció el  7 de octubre de 1571 a la armada otomana. El Papa Pío V ordenó una fiesta anual al rezo del santo Rosario. Y el Papa Gregorio XIII confirmó fiesta con el nombre de la solemnidad de la Virgen del Rosario.

Una oración católica

Más allá de los hechos históricos, el santo Rosario nos distingue de manera especial como católicos. Nuestros hermanos protestantes no tienen la gracia de tener a María tan cerca como nosotros por nuestras devociones, fiestas y oraciones. Esta oración, como su nombre lo indica, es una corona de flores para nuestra Madre. Con estas avemarías le agradecemos su cuidado tan especial y su protección física y espiritual por cada uno de nosotros, además que le ponemos en sus manos todas nuestras intenciones para que ella se las presente a Jesús.

Una oración Bíblica

El Rosario tiene su raíz, no sólo en la tradición de la Iglesia, sino, y sobre todo, en la Biblia. Las avemarías las vamos recitando mientras contemplamos los misterios. Estos misterios son los momentos que consideramos más importantes de la vida de Jesús y en los cuales estuvo siempre presente María. El Papa Francisco lo ha recordado estos días en Fátima:

ninguna otra criatura ha visto brillar sobre sí el rostro de Dios como ella, que dio un rostro humano al Hijo del Padre eterno; a quien podemos ahora contemplar en los sucesivos momentos gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de su vida, como recordamos en el rezo del Rosario”.

El rezo de los misterios del Rosario es la contemplación de Jesús.

El avemaría que repetimos en cada misterio está compuesto por dos párrafos. El primero es la unión de dos textos del Evangelio según san Lucas y la segunda es la súplica que le hacemos a María. El ángel Gabriel al anunciarle a María que sería la madre de Dios, le dice “¡Alégrate! llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 24). Después de unos versículos se nos narra que María va a visitar a su prima santa Isabel y ella entre otras cosas le dice “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!”. Estos piropos que se la hacen a la Madre de Dios en el Evangelio los repetimos nosotros, pues también es madre nuestra.

Cada vez que reces el Rosario busca imaginar la escena del misterio que estás considerando. Déjate acompañar de María en esta oración tan bella. Si pones un poco de amor verás que te gustará cada vez más.

Te dejo los misterios con las citas de la Biblia a las que te puedes referir:

Misterios Gozosos (lunes y sábado)

  1. La encarnación del Hijo de Dios.

Lc 1, 30-32, 38

  1. La visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel.

Lc 1, 39-43

  1. El nacimiento del Hijo de Dios.

Lc 2, 6-11

  1. La Presentación del Señor Jesús en el templo.

Lc 2, 22-25, 34-35

  1. La Pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el templo.

Lc 2, 41-47

Misterios Luminosos (jueves)

  1. El Bautismo en el Jordán.

Mt 3, 13, 16-17

  1. La autorrevelación en las bodas de Caná.

Jn 2,1-5

  1. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.

Mc 1, 15, 21; 2,3-11; Lc 7, 47-48

  1. La Transfiguración.

Mt 17, 1-3, 5

  1. La Institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual.

Jn, 13, 1; Mt 26, 26-29

Misterios Dolorosos (martes y viernes)

  1. La Oración de Nuestro Señor en el Huerto de Getsemaní.

Lc 22, 39-46

  1. La Flagelación del Señor.

Jn 18, 33, 19;1

  1. La Coronación de espinas.

Mt 27, 29-30

  1. El Camino del Monte Calvario cargando la Cruz.

Mt, 27, 31; Jn 19, 17; Mc 15, 21

  1. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.

Lc 23, 33-34, 44-46; Jn 19, 33-35

Misterios Gloriosos (miércoles y domingo)

  1. La Resurrección del Señor.

Mt 28, 5-6

  1. La Ascensión del Señor.

Lc 24, 50-51; Mc 16, 20

  1. La Venida del Espíritu Santo.

Hch 1, 14; 2, 1-4

  1. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.

Ct 2, 10-11, 14

  1. La Coronación de la Santísima Virgen.

Sal. 45, 14-15; Ap 11, 19;12, 1

Francisco Says

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