¿Cuántas veces no te han dicho o has escuchado la frase “yo no creo en sacerdotes”, “se deberían casar para que no abusaran más de los demás”?

Pocos acontecimientos han existido en el seno de la Iglesia Católica que hayan hecho tanto daño como la pedofilia. Este artículo no busca, bajo ninguna circunstancia; justificar, minimizar ni eludir los casos de pedofilia reales que han sido cometidos por sacerdotes de la Iglesia.

Comencemos con lo más básico de todo. La palabra pedofilia o paidofilia, proviene del griego paidion y filia, que se traducen niño y amor. En realidad, el concepto de pedofilia que conocemos hoy en día proviene del término pedofilia erótica, refiriéndose a la atracción sexual a niños. En otras palabras es un trastorno de la personalidad que consiste en el interés sexual centrado en niños de 13 años o menos.

¿Cuál es la proporción de sacerdotes católicos que han abusado de niños? ¿Qué hace la Iglesia al respecto? ¿Es cierto que el Vaticano protege a los sacerdotes pederastas? ¿Es culpa del celibato? En fin, estas son preguntas que todos nos hemos hecho o incluso que alguien nos puede haber hecho a nosotros.

Para que resulte más sencillo, lo mejor será dividir este artículo en dos partes. La primera parte será sobre la postura y la actitud de la Iglesia frente a estos casos. La segunda, será una mirada a los números, la cantidad de sacerdotes pedófilos en la Iglesia.

 

La Iglesia frente a la pedofilia

El 18 de mayo del 2001, la Congregación para la Doctrina de la Fe, elaboró un documento en el que establecía los delitos más graves contra la fe y la moral de la Iglesia, llamados delicta graviora (delitos más graves). En estos aparecían delitos contra el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, contra el sacramento de la Penitencia y contra el sexto mandamiento (no cometerás actos impuros) cometido por un clérigo contra un menor de 18 años.

Esto no quiere decir que antes del 2001 estuviese permitido. De hecho, ya desde 1922, durante el pontificado de Pio XI, estaba prohibido explícitamente en un documento llamado Crimen Sollecitationes, y de forma implícita estaba prohibido desde siglos atrás.

La Iglesia, ha sido acusada numerosas veces de callar o pasar por alto este tipo de crímenes. En el pasado, es cierto, algunos obispos “por un malentendido sentido de defensa del buen nombre de la institución” (Scicluna, 2010) fueron demasiado indulgentes. Pero la postura de la Iglesia siempre ha sido firme frente a esto, y todos los casos que han llegado a la Congregación para la Doctrina de la Fe han sido tratados con todo el rigor posible.

Es importante recordar, en este punto específico, que la mayoría de las veces los obispos u otros sacerdotes, se enteraban de estos crímenes en confesión. Es decir, el sacerdote que había cometido el acto de pedofilia lo confesaba y, por tanto, el obispo o sacerdote que escuchaba el pecado debía mantenerlo en secreto pues, de contarlo, estaría cometiendo un pecado gravísimo a su vez. Recuerda que el sigilo sacramental es, en la Iglesia Católica, la obligación de no manifestar jamás lo sabido por confesión sacramental, jamás.

Existen dos casos en los que los obispos se enteran fuera del secreto sacramental. Los casos dependen de la legislación del lugar donde viven. En el primer caso, la ley los obliga a denunciar; por esto, deben hacerlo, aun cuando es una situación similar a la de un padre que denuncia a un hijo. En el segundo caso, la ley no lo obliga a denunciar; aquí, la Iglesia no le fuerza a hacerlo, esto queda a decisión del obispo, pero sí se le alienta a que invite a las víctimas a denunciarlo. Poniéndose siempre a disposición de las víctimas en lo que necesiten, principalmente asistencia espiritual.

 

Los números en la Iglesia, ¿cuántos sacerdotes pedófilos realmente hay?

Los medios de comunicación nos recuerdan semanalmente este tristísimo hecho que ha sacudido a la Iglesia en los últimos años. Un millón de aviones volando no son noticia, nadie los recuerda, a menos que uno de ellos choque. Lo mismo sucede con los sacerdotes de la Iglesia.

En los últimos 50 años han llegado 3.000 casos a la Congregación de la Doctrina de la Fe. De estos un 90% han sido casos de efebofilia, es decir la atracción sexual por adolescentes (15 a 18 años). El 10% han sido casos de pedofilia.

De los 3.000 casos mencionados, el 60% de los sacerdotes agresores se encontraban en una edad muy avanzada y no hubo un proceso en contra de ellos, “pero se aplicaron contra ellos medidas administrativas y disciplinarias, como la obligación de no celebrar misa con los fieles, no confesar, llevar una vida retirada y de oración.” (Scicluna, 2010). No fueron absueltos, por supuesto, pero cuando una persona es obligada al silencio y la oración es porque existen motivos.

El 20% de estos casos tuvieron un proceso penal o administrativo. Un 10% recibieron una dimisión del estado clerical autorizado directamente por el Papa; este es un procedimiento gravísimo dentro de la Iglesia. El 10% restante pidieron la dispensa (permiso para no continuar siendo sacerdotes) directamente y fueron condenados por tribunales civiles.

 

¿Cuál es entonces la proporción?

Según el Anuario Pontificio, en el 2014 había 5.237 obispos, 415.792 presbíteros y 45.566 diáconos. Esto nos da un total de 466.595 sacerdotes en total para el 2014. Si supusiéramos que todos los sacerdotes pedófilos de los últimos 50 años se acumularan en el 2014 tendríamos que el 0,64% de los sacerdotes del mundo serían pedófilos y efebófilos. Por tanto, el 99,36% de los sacerdotes no lo son. Este porcentaje, naturalmente, disminuye bastante más pues en los últimos 50 años ha habido muchos más sacerdotes, pero nos ayuda a tener un estimado.

 

¿Cuál es la conclusión?

A pesar de que, estadísticamente hablando, los crímenes sexuales perpetuados por sacerdotes católicos son mínimos, y además de encontrarse en la parte más baja de las “profesiones” con riesgos sexuales para niños y adolescentes, estos sucesos no dejan de causar un terrible dolor al corazón de la Iglesia.

No debemos olvidar que los sacerdotes, al igual que tú y que yo, al igual que un obrero o un médico, son seres humanos. Y por tanto, se encuentran expuestos a trastornos que afectan a la sociedad.

Quisiera invitarte, al terminar este artículo, a que eleves una oración a Dios Padre, pidiéndole por la perseverancia de todos los sacerdotes de la Iglesia.

Me gustaría cerrar con las palabras de Benedicto XVI, dadas en una de sus cartas pastorales:

“Junto con el inmenso daño causado a las víctimas, un daño enorme se ha hecho a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa. (…) Al mismo tiempo, la justicia de Dios nos llama a dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero no desesperéis de la misericordia de Dios” (Benedicto XVI, 2010)

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