Quiero compartir una historia que escuché hace tiempo. Mi maestra de religión nos la contó cuando era un niño de primaria.

Teresa llegó a su primera clase de religión del curso. Les habían pedido a todos que llevasen su Biblia. Comenzó la lección y la religiosa que daba la clase comenzó a ver las Biblias que habían traído. Había de todos los tamaños y colores. La maestra tomaba una Biblia y las hojeaba un poco  mientras iba conociendo los nombres de sus nuevos alumnos. Tomaba otra y hacía lo mismo. Llegó a pedirle a Teresa su Biblia, esta se la dio y la hojeó como todas las demás, la miró con satisfacción y la dejó en sus manos. Cuando terminó de pasar por cada uno de los alumnos llamó Teresa al frente de la clase. La felicitó y le dio un regalo, pues era la única niña que había llevado la Biblia y que se veía que la había usado. Los demás habían llevado sus Biblias nuevas y aunque eran muy bonitas, muchas de ellas no las habían abierto.

Mi profesora de religión había sido esa niña y nos dijo que en realidad era la Biblia de la abuela y por eso estaba ya algo usada. Nos invitó a que no se repitiera la historia y que leyéramos la Palabra de Dios… ciertamente, por lo menos en mi caso, la historia se repitió.

Todos tenemos una biblia en nuestra casa. Sea esa de la abuela o aquella de la Primera Comunión. Y sea grande o más pequeña, es bonita y se ve muy bien en la repisa. Es un libro que no puede faltar en la casa, eso es un hecho.

La tenemos allí como un adorno, pero no la leemos.

Nos puede pasar como Josías. – ¿Quién?  – Jo-sí-as… Deja te cuento lo que le pasó.

Josías era rey de Judá en los primeros años del siglo VII a.C. Para ese entonces era el único reino judío. La Biblia nos habla en el libro de los Reyes y de las Crónicas de todos los reyes que hubo tanto en Judá como en Israel de forma muy sintética y nos dice si fueron fieles a Dios o no.

A Josías se le recuerda como un rey bueno. Y es que el Pueblo de Dios se había olvidado de Él. Habían, casi, abandonado el templo de Dios y adoraban a otros dioses y no eran fieles a la alianza que habían hecho con Dios. Josías sube al trono cuando era muy niño, pero cuando es mayor decide reconstruir el Templo de Dios. Mientras lo están reparando se encuentran el libro de la Ley (el Pentateuco de nuestra Biblia) y al leerlo rompe a llorar, pues se da cuenta que su pueblo se ha alejado de Dios y que sus antepasados no habían sido fieles a esas leyes de Dios.

No sólo se arrepiente, sino que en seguida reúne al pueblo y comienza una reforma religiosa. Algo loable y por lo que se le recuerda… pero desgraciadamente para el pueblo era demasiado tarde y el esfuerzo de Josías no bastó. Los siguientes reyes “obstinaron su corazón en vez de volverse al Señor” y el imperio babilónico los derrotó y mandó destruir el templo. Los judíos fueron deportados a distintos lugares del imperio babilónico con Nabucodonosor II.

Por más que intentó Josías hacer volver al pueblo a Dios no pudo y sus sucesores volvieron a “hacer lo malo ante los ojos del Señor”.

Así nos puede pasar a nosotros. Tenemos la buena intención de regresar a Dios, pero nuestro corazón no es capaz de dar ese paso más allá del de Josías. Y llegamos a decir ante la necesidad de alimentarnos de la Palabra de Dios ese: No gracias…

Que no sea demasiado tarde para nosotros. Que ese Josías que habla al pueblo -nuestro corazón- logre llevarnos a Dios.

Y es que, la Palabra de Dios que había sido olvidada y ya ni sabían que existía en Judá, puede ser esa Biblia que está en la casa y que no la hemos abierto desde hace unos cuantos años… Ese dejar olvidado lo que Dios nos dice puede ser, como para Judá, nuestra ruina. Pero si como Josías nos acercamos a esa Palabra viva nos puede tocar el corazón y ayudarnos a acercarnos más a Dios y gozar de su presencia en nuestra vida.

Creo que es necesario advertir una cosa. La Biblia no es un libro cualquiera. Muchos se decepcionan porque no saben cómo va, de qué habla, cuáles son los personajes… o por quées muy rara en algunas cosas: un montón de nombres y genealogías, leyes para muchas cosas, guerras y más guerras.

Es importante que sepas la clave de lectura. Y es que la Biblia es un conjunto de libros. Y muchos no se relacionan entre sí. Y la Biblia no te cuenta historia, sino La Historia de la Salvación de los hombres. Es decir que dentro de cada historia y personaje has de encontrar el mensaje de salvación de Dios y ese mensaje que se actualiza y se convierte en el mensaje de Dios para ti.

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