¿No te ha pasado que hay momentos en la vida dónde uno pareciera no tener ánimos para nada pero hay algo que te empuja a seguir?  ¡Bienvenido! No has sido el único

Muchas son las explicaciones científicas y físicas del movimiento de los cuerpos, las fuerzas que influyen en estos y demás explicaciones. Hoy me quiero apartar un poco de esto, quiero ir a algo un poco más abstracto, no se si profundo. A mi manera de ver las cosas hay varias fuerzas. Hoy hablaré de dos, que mueven a las personas, que las inspiran a dar el todo y dar su 100% por 100%. Estas fuerzas son dos: La Felicidad y el optimismo.

Sobre la primera fuerza, la felicidad, muchos dicen que llega con el dinero, que solo la pueden alcanzarlas personas que tienen lo que quieren y viven pensando que la felicidad es algo que se trabaja por tener.

Yo, particularmente, creo que no es así. La Real Academia Española (RAE) define de tres maneras la felicidad pero la primera me llama de sobremanera la atención:1. f. Estado de grata satisfacción espiritual y física. Opino que la felicidad es algo muy parecido a lo que dice la Academia en esta definición y te contaré una anécdota del porqué.

En mi ruta para regresar a mí casa paso con el carro por varios semáforos. Justo en el último hay siempre un muchacho que no tiene una pierna y que pide limosna o algo de comer, haciendo un gran esfuerzo mientras se desplaza con sus muletas. Siempre está allí en la tarde. Este muchacho lo veo con una sonrisa y un empuje que mueve, que contagia. Unos días atrás, decidí darle un postre que no me había comido en el almuerzo era pequeño y pensaba que el joven más bien lo iba a tomar sin agradecer, bajé el vidrio de mí carro, le acerqué el postre y la reacción me impresionó. El muchacho sonrió de oreja a oreja y me dio las gracias par de veces, me bendijo y tomó el postre con una alegría y una felicidad que sinceramente me alegraron la tarde. En este muchacho, que vive en la calle y que sus únicas posibilidades económicas de comprar un almuerzo son gracias a la limosna, veo un testimonio de felicidad, veo ese “Estado de grata satisfacción” como nos dice la RAE, que es tan grande que hasta a mi me contagió. En este joven no veo riquezas materiales, no lo veo en el vehículo del año, ni con un reloj que es casi como una joya, pero si veo en él una riqueza imperceptible al ojo humano: un gran espíritu.

Ese mismo día llegué alegre a mí casa, bastante feliz. Porque el muchacho me hizo ser optimista y ver que en todo momento sin importar que tan fuerte sea el inconveniente siempre se puede, siempre hay una oportunidad para sonreír. Es gracias al joven amigo con esa felicidad enorme que llegué a la segunda fuerza y sin darme cuenta alguna, comencé a pensar con optimismo.

El optimismo según la RAE es: 1. m. Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable, me pregunto entonces ¿Cómo no puedo ser optimista yo, si lo tengo todo? ¿Cómo voy dejar de sonreír un segundo, si un muchacho que lucha día a día por su vida, vive regalando sonrisas en el semáforo? ¿Es qué acaso tener en abundancia hará que todo sea mejor o seré yo con mi actitud el que lo hace?.

Intentando responder mis preguntas decidí buscar lo que pensaban algunos santos sobre la felicidad y el optimismo. Mi sorpresa fue que más que una respuesta encontré una pregunta de San Agustín que iluminó mi entendimiento:

¿Cómo es, Señor, que yo te busco? Porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti”.

Con esto, Entendí rápidamente que siempre que tenga a Dios en mi vida y lo busque tendré felicidad, Dios tiene que ser el centro de mi vida, será Él el que me dará felicidad.

A pesar de los momentos difíciles por los cuales nos topamos día a día, Dios nos dará esa capacidad de seguir, ese empuje de oro y el espíritu inquebrantable que mueve montañas porque sabemos que vendrá algo mejor. Es momento que seamos ese fuego de cambio que llega a los corazones de los demás.

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