Un buen amigo es difícil de encontrar, cuando llegas a los veintes/treintas te das cuenta de que pocas son las amistades que conservas de entre todos tus círculos sociales. Con el tiempo aprendes quiénes son tus amigos con los que cuentas para toda ocasión, las amigas a las que puedes pedir consejo, o quién es ese buen compañero de café que te puede escuchar por horas cuando requieres de un hombro donde apoyarte.

Todos necesitamos un buen acompañante en el camino, alguien que sea testigo de nuestra existencia. Ya sea que tú hayas encontrado ese buen amigo, o quieras serlo, te invito a que leas los siguientes consejos que resultan útiles cuando te toca fungir como la voz de la razón ante los problemas, locuras o tristezas de alguno de tus amigos.

1.- Sé empático

Esto no significa que vas a ponerte en sus zapatos. Escuchar la situación no para juzgar o para dar soluciones mágicas que le van a resolver la vida, sino para buscar ayudarle a ser mejor. No es necesario pensar “pobre de él/ella”, pero puedes esforzarte por encontrar algo que te ayude a comprender la situación que está pasando.

Encuentra un sentimiento común en algún momento de la historia de tu vida. Y aunque no te sientas identificado con el sentimiento o la situación, puedes dar una respuesta humana como palabras de sincero agradecimiento por confiar en ti para contar esto tan personal e incluso pedir que no se te compartan temas que te incomodan. Si existe un círculo de confianza, tu amigo/a entenderá.

Para comprender mejor, aquí les dejo un video sobre el ejercicio de la empatía:

2.- Aplica la ley de la gradualidad

Si escuchas algo grave, que sepas daña la vida de tu amigo, que está afectando su manejo emocional o peor aún, te enteras de que uno de tus mejores amigos está perdiendo su estado de gracia, tienes 2 opciones: puedes empezar a gritarle todos sus errores y señalar sus fallas para condenarlo y perder su amistad, o bien, empezar poco a poco a descubrir en conjunto cómo puedes ayudarlo a cambiar esa situación que lo aleja de vivir siendo la mejor versión de sí mismo.

Trata de presentar escenarios distintos, donde tu amigo/a pueda encontrar que fuera de sus circunstancias actuales puede encontrar otras decisiones que le den paz, tranquilidad emocional y hasta le ayuden a lograr un crecimiento espiritual. Recuerda que: cuando una persona está metida en un pecado grave (mortal) es mejor ir develando la verdad poco a poco ante sus ojos. Hacerlo con paciencia, tacto y constancia.

3.- Comparte pero no compares

Igual si sientes la confianza y madurez como para compartir con él /ella alguna recomendación entonces hazlo. Pero primero piensa: ¿vas a hablar porque buscas lo mejor para tu amigo/a, o porque quieres lucirte como el sabelotodo y así humillar a quien tienes enfrente?

No te compares, ni te pongas de ejemplo para demostrar su error. Mejor, ponte de ejemplo cuando tú hayas estado en el mismo dilema, e incluso si fallaste, da ese testimonio de tu recuperación después de la caída. A nadie le gusta tener amigos santos que van por ahí cortando cabezas cada vez que se les abren las puertas de la confidencialidad.

Muchas veces una respuesta de preocupación, sincera, ayuda: “lamento mucho que estés pasándola mal, haré una oración por ti para que puedas salir de la situación y cuenta conmigo porque yo confío en que puedes mejorar”. Darle nuestro ánimo a alguien que lo necesita puede hacer la diferencia en su nivel de motivación para trabajar en el crecimiento personal.

4.- Da ejemplo de paz y felicidad

El testimonio cotidiano de que vivir alejado del pecado te lleva a tener una vida más tranquila y feliz es muy importante. Para poder darlo tienes que contar con una visión positiva de la vida. Esto no significa que quiero que vayas por ahí abrazando árboles y hablando en diminutivo para no ofender sensibilidades, pero sí que puedes ocupar lenguaje alentador.

Una persona que se queja de todo, que vive molesta, que todo el tiempo crítica o apunta errores, no es buen ejemplo de paz y felicidad. Una vez más, no quiero que sólo sonrías, hagas reír a todos y te vuelvas el alma de la fiesta, sino que luches por evitar la crítica a toda costa. Incluso puedes contar cosas dolorosas o difíciles con entereza, responder cuando alguien te pregunta “¿cómo estás?” con “no muy bien, me preocupa una materia en la escuela / tuve una discusión con mis papás / mi auto tiene una falla mecánica…” y seguirás dando testimonio de sinceridad.

Te comparto un buen ejercicio que me ha funcionado para ejercitar la paz interior. Cada vez que me viene un pensamiento malo de mis compañeros o familiares, me esfuerzo por encontrarles alguna virtud o cualidad. Suele ser más fácil ver los errores de los demás que encontrarles el lado amable, así que al hacer el esfuerzo mental que implica quitar el sentimiento negativo para reemplazarlo con algo bueno que decir del otro, me baja el mal humor y así puedo continuar el día con tranquilidad. Inténtalo y dime si te funciona.  

5.-Sé valiente

Cuando te toque explicar por qué vives feliz, por qué estás de buen humor o  por qué no hablas mal de los demás… di la verdad: “Mis prácticas espirituales me ayudan a mantener el sentido de la vida. Soy católico/a y esto de buscar a Dios me ha llevado a encontrarme a mí mismo y a trabajarme para ser mejor.” ¡No temas! Piensa que hoy en día tus compañeros o colegas te cuentan sobre de sus viajes para encontrarse con el budismo, sus clases de yoga o sus creencias en el horóscopo de la revista. Tú crees en Dios, que no sólo es todopoderoso, bendice tu vida y te ama, sino que además lo creó todo y todo lo puede.

No tienes de qué preocuparte, lo peor que puede pasar es que cambien el tema o que algunos más se animen a decir qué religión profesan o que saquen sus consejos espirituales. Trata de ser abierto/a con lo que crees porque en buena medida tus actos y tus palabras se basan en tu fe.

6.- Busca compañía

Muchas veces ser cristiano implica ir por el mundo en sentido contrario. Necesitas amigos, maestros o un guía espiritual que te ayude a seguir adelante.  Encuentra un lugar donde puedas llegar y descansar, que al hablar con la gente de tu parroquia o grupo juvenil sientas consuelo y encuentres fuerzas para seguir adelante en la batalla. Piensa que eres parte del Cuerpo de Cristo, no es necesario que vayas solo por el camino, hay muchos que pueden ir a tu lado.

Para finalizar te recomiendo leas: Las reglas del juego cristiano que me parece un excelente complemento a este texto. Si tienes dudas o comentarios no dudes en escribir al equipo de New Fire. Recuerda que si el artículo te ayudó, agradecemos de tu parte una recomendación entre amigos y familiares para que este proyecto siga dando frutos.

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